miércoles, 14 de mayo de 2014

Artículos personales


La primera vez que compré unos condones tenía alrededor de 16 años, me sudaron las manos y me temblaron las piernas nada más de entrar en la farmacia. Eran otros tiempos, no se hablaba abiertamente de sexo con los padres, de hecho, creo que todo lo que sabía de sexo lo había visto en la tele, en algunas revistas, o lo sabía por amigos y por una que otra plática de orientación en la Secundaria. Rebeca y yo sabíamos lo mismo del tema, o sea casi nada, pero al menos teníamos una cosa clara: si queríamos acostarnos necesitábamos usar condón para evitar embarazos, comprarlos era mi obligación de hombre como tantas otras que tuve después. De seguro nadie me miraba, pero yo sentía que todos los clientes de la farmacia clavaban sus ojos inquisidores en mí. Ahora me siento un poco como aquella vez, como un adolescente, pierdo el tiempo en los anaqueles mirando el precio de las vendas, de los jarabes para la tos, de los enjuagues bucales, de los rastrillos, de los cotonetes, en vez de ir directo al mostrador y preguntarle al dependiente si tiene lo que busco. Recuerdo que el vendedor apareció detrás de mí: “Buenas tardes AMIGO, ¿qué buscabas?”, quedé mudo por unos segundos, mientras él se aguantaba la risa. Mi nerviosismo era tan evidente como la virginidad en mi cara, era obvio que quería unos condones ¿Qué otro producto haría sentir pena a un adolescente en una farmacia? Tal vez una prueba de embarazo, pero nunca fui yo a comprar alguna, las compró Rebeca cada vez que las necesitamos.

Durex, fue la primera marca que compré porque su publicidad me parecía buena, pero al poco tiempo cambié a Trojan, que son más cómodos y mejor lubricados, claro que ya para entonces no me daba pena sino orgullo ir a comprar condones y tener mi marca de confianza. Ahora ya ni los usamos, tiene años que los dejamos, en algún momento nos dimos cuenta que los condones no eran tan indispensables como te hacen creer en la tele y en la escuela, es más cómodo prescindir de ellos y el temor a un embarazo va desapareciendo cuanto más creces, pero llegan otras preocupaciones. Tal vez ahora también pueda prescindir de la crema para las hemorroides, tal vez es mentira que si no la usas a los primeros síntomas inevitablemente te tendrán que abrir el ano con un bisturí en algún momento… bueno la publicidad puede ser exagerada, pero mis síntomas son reales, la maldita comezón y el ardor ahí están y de alguna forma debo remediarlo y es más fácil tragarse la pena con el boticario que con el doctor por más que el doctor sea un profesional y el que atiende la farmacia un trabajador cualquiera. La diferencia es que sólo uno de ellos hurgará en tú ano.


Ahora la edad juega a mi favor, hay un sinfín de cosas “vergonzosas” que uno puede necesitar en una farmacia cuando ya no se es joven y los tenderos no acostumbran burlarse de los mayores. Algo está mal en la sociedad cuando da más pena comprar ungüentos contra las almorranas y condones que cigarros o pastillas para dormir o supongo que a nadie le gusta dar pie para que un extraño se imagine tu ano o tu pene… bueno, tal vez hay gente a la que sí le gusta, pero a mí no. O Tal vez simplemente estoy siendo infantil porque mientras más envejecemos padecemos o padeceremos malestares vergonzosos y eso es natural ¿Cuántos de los clientes presentes comprarán algún medicamento que no andarán pregonando que utilizan? ¿Cuántos llevarán pañales para adultos, cuántos comprarán antibióticos para enfermedades venéreas, cuántos más con hemorroides habrá aquí? ¿Y qué tal cuando necesite algo realmente grave, como una diálisis o insulina de por vida? Tal vez sea Rebeca la que tenga que venir a comprármelas porque yo no me podré ni levantar de la cama ¿Y si es ella la que lo necesita?... Es cierto, estoy siendo infantil mi estúpida almorrana es un juego de niños… ¿Y qué tal cuando necesite ya usar Viagra? ¿De viejo seguiré siendo igual de penoso o me dará orgullo presumir que todavía tendré una vida sexual activa? Sólo espero tener para entonces suficientes canas, suficientes arrugas que justifiquen la impotencia y usar la pastilla con una mujer que no sea Rebeca, de preferencia una más joven que ella. ¿Qué se sentirá estar con otra mujer?, ¿tendré que volver a usar condones?

-Buenas tardes caballero, dígame, ¿en qué le puedo ayudar?

Romeo Valentín Arellanes
México, DF. Mayo 2014


Historia de un final feliz


Sabía que algo pasaba entre nosotros, llevaba semanas, meses sin tocarme, sin buscarme siquiera, me dormía desnuda a su lado muy a pesar de ser tan friolenta y vivir en una casa helada; desde que se despertaba hasta que dormía, él tenía sus ojos puestos en su celular, había madrugadas que me despertaba y lo veía ahí, haciendo “no sé qué” en su pendeja BlackBerry que ganó en una rifa del trabajo hace 3 meses. 
Desde que lo obtuvo y aprendió a usarlo, el celular se lo tragó, lo absorbió ya no platicábamos, ya no nos veíamos a los ojos, él contestaba con monosílabos “sí, no, no sé, ¿qué? Si quieres, me da igual, tú decide” Me volví loca de escuchar sonar esa madre cada segundo, no sabía si quien le escribía era su jefe, sus amigos o la vieja que se cogía. Pero los días que pasábamos juntos, se escuchaban más teclas y sonidos de notificaciones que respiraciones.
Supuse que después de 5 años de matrimonio y 15 de novios, él comenzaba a tener una relación con alguien más, me parecía ilógico que él no quisiera coger en tanto tiempo, una vez, mientras yo se la chupaba, levanté la mirada hacía él y el muy imbécil tenía el celular en la mano, ilusamente le pregunté que si me estaba tomando una foto, pasaron varios segundos y me preguntó ¿Qué dijiste? Sin siquiera voltear a verme. En ese momento me volví loca, creo incluso, que tuve unos de esos desdoblamientos astrales –diría mi abuelita- del coraje, me vi flotando sobre la cama, viéndome debajo, yo estaba en cuatro chupándosela y él, sin hacerme el mínimo caso, clavado en su puto aparato.  
Sentí caliente la panza de odio, me puse rabiosa, histérica, como una verdadera loca, salvaje, violenta, ofendida como nunca me había sentido -ésta es la última vez que me ignora este pendejo– pensé y apreté mi mandíbula, sentí cómo de las muelas hasta mis dientes frontales le atravesaban el pito al cabrón infeliz de mi marido; un chorro de sangre me llenaba la boca, y desde arriba, desde el techo donde yo flotaba, totalmente fuera de mí, veía crecer a nuestro alrededor, un charco de sangre, mientras él, sin soltar el teléfono gritaba y se retorcía de dolor.
Yo me sentía satisfecha, el sabor de nuestras sangres en mi boca se mezclaba y eso me daba tanta tranquilidad, paz, me hacía feliz saber que aunque él intentara separarse de mi boca, pegándome en la cabeza y cara, sería la última vez que me vería más que a su teléfono. Me golpeó hasta que me aparté de él, sí, con su pito en mi boca; creo que me desmayé, al menos eso sentí en el último golpe que me dio y de inmediato sentí un vacío en la panza, como si de flotar en el techo hubiera hecho caída libre hasta reincorporarme en mi cuerpo. 
Y ahí estaba yo, de nuevo en cuatro, viendo cómo mientras yo le hacía una mamada el no dejaba de ver quién sabe qué madre en su aparato. Me levanté de la cama, entré al baño y de ahí me fui a dormir a la sala, esa noche… además de imaginar castrarlo, pensé en irme al día siguiente. Sólo esperaría a que Andrés se fuera al trabajo.
Esa noche no podía dormir, entre mi coraje y agotamiento mental, logré dormitar unos minutos; me desperté con frío, caminé a la recámara por una cobija, ahí estaba él y su maldito objeto sobre su panza, lo tomé despacito para no despertarlo y corrí de nuevo a encerrarme en el baño. Pensé en destruirlo, aplastarlo, lanzarlo por la ventana, ahogarlo en la tina, tirarlo a la basura pero de pronto… lo confirmé… ¡bip, bip! Un mensaje en la pantalla, de parte de una tal Betsy “ya te dormiste papi, me dejaste toda caliente” … silencio, hubo silencio dentro de mí, finalmente había comprobado lo que ya suponía ¿dolor? No. Sólo recuerdo haber sentido alivio, fue como saber que esta relación ya no sufría más, que nos habíamos desconectado del respirador que nos mantenía vivos, pero en estado vegetativo, ya llevábamos años muertos y más fríos que la taza del baño donde me había sentado a leer y ver sus mensajes.
Esa noche, quizás al notar mi ausencia en la cama, él dejó sin contraseña o se durmió profundamente mientras texteaba con Betsy, quien por cierto, después del mensaje le envió un video, la calidad no era muy buena, pero la que se masturbaba del otro lado sí –debo confesarlo- mientras yo veía el video ya no sentía coraje, ni celos, ni dudas, al contrario sentí una gran excitación, llevaba meses sin tener un orgasmo provocado por mi marido y ahora la tal Betsy, era responsable de la mayor lubricación que había tenido en mucho tiempo.

 -Mándame más- le escribí.
-¡Papi! ¿te desperté?- Contestó
Sin dudarlo le escribí –Mándame otro video, hoy no me dejes dormir-

Casi 5 minutos después llegó otro video, ya se había quitado el bra, tenía unas tetas preciosas, no era tan linda de la cara, me enseño el culo, pensé que no era su mejor parte –sabía que no podía ser perfecta, la muy pendeja- Dije en voz alta -Andrés siempre prefirió escotes que nalgas- le calculé unos 23 años, pelirroja, más gorda que flaca, diría yo.
La tal Betsy, sus videos y mensajes, lo había logrado, de pronto ya no sentía frío, sólo tenía ganas de tocarme y sin pensarlo, me llevé el celular entre mis piernas, tenía tanto tiempo que Andrés no me tocaba, que podía sentir haciéndolo a través del objeto ése, que minutos antes había pensado en destruir.
Mi encuentro con el celular de mi marido y su amante, no fue para nada silencioso y despertamos a Andrés, quien de un golpe abrió la puerta del baño y al descubrirme con su teléfono casi totalmente dentro de mí, escurriendo, no dudó un minuto en saltar sobre mí, besándome como la primera vez, me cargó, me llevó a la cama y sin darnos cuenta, nos redescubrimos, sentí sus manos y su piel distinta, su lengua, se había transformado por una ajena que yo nunca había probado, sentí cómo nos volvimos a enamorar; sin pensarlo, volvimos a la vida, gracias al gran regalo que hace 3 meses se había sacado en la rifa de la oficina. Ahora, ya tenemos otras prácticas y costumbres, con más aparatos, más personas, pero podemos decir que lo que parecía el final de nuestro matrimonio, lo fue, pero feliz.
 
Por rABYa
140514
 
 

jueves, 8 de mayo de 2014

Mi Maquina de Coser

Singular artefacto con una antigüedad como de 80 años, mi padre la compró  para mi madre más o menos en el año de 1940 y ya era usada, su marca es Singer, de pedal, con un herraje y una  maquinaria muy fuerte como eran las cosas antiguas, su mueble, sin embargo, se encuentra muy deteriorado por el paso del tiempo y las polillas que se comen de a poco la madera. Este querido objeto tiene una historia muy bella ya que fue la herramienta de trabajo de mamá. Las dos trabajaron muy duro para ayudar al sustento familiar, habiendo una gran prole en la familia (7 hijos y 2 primos que vivieron un tiempo con nosotros), el salario de un campesino como mi padre no alcanzaba para cubrir las necesidades. Hubo ocasiones en el pueblo en  las que se les oía  trabajar hasta muy noche a la luz de un  quinqué, sobre todo cuando se acercaba la fiesta patronal y las muchachas querían lucir sus mejores galas, ó cuando había fiestas escolares, ellas elaboraban los trajes típicos, los disfraces de animalitos, las faldas de adelitas y los pantalones de revolucionarios, tanto trabajaban para la comunidad que a veces no tenían tiempo de realizar los nuestros, en alguna ocasión daba inicio el programa y ellas apuradas terminaban nuestro vestuario uno o dos números antes del que nos tocara bailar.

También  acompañó a mamá criar a sus hijos, cuando se sentaba a coser jalaba con un mecate la hamaca del nene, muchas veces mamá tubo que reponer piezas de los vestidos porque el bebé gateando se acercaba y  se hacía pipí en ellas, también nos amarraba un extremo de una tira de tela de la cintura y otro extremo de la pata de la máquina para que no nos alejáramos. Más de una ocasión sus pequeños se montaban en la máquina para jugar al caballito. Recuerdo que cuando yo tenía como 3 años me paraba enfrente de la máquina y mamá para entretenerme me cantaba y enseñaba canciones de Cri-cri, me gustaba pedir canciones de todos los animalitos que se me ocurrían y cuando no se acordaba o no las sabía mamá las inventaba.

Hace tiempo no había en el pueblo más escuelas que el jardín de niños y la primaria; mi madre no quiso que sus hijos pasáramos las penurias que vive la gente del campo y aunque mi padre era un hombre muy recio de carácter logró convencerlo de buscar oportunidades de superación en otro lugar.  Pues bien, un buen día los hijos tuvieron que partir  unos a estudiar en un internado en la ciudad de Oaxaca  y mi hermana al internado de Tamazulapan. Solo quedé yo con mis padres, porque soy la shocoyota (más chica de la familia), aunque fue en tiempo corto, mamá decidió probar suerte en el DF  y ahí venimos con nuestra escasa ropa en una caja de cartón, el corazón lleno de ilusiones y una férrea determinación a afrontar los problemas de vivir en una ciudad. Primero mi madre y yo vivimos en casa de un paisano y su esposa, ellos no tenían hijos y me toleraban bastante bien, mis hermanos vivían con unos tíos pero afrontaron varios problemas, después rentamos un departamento y la familia, al fin, otra vez se reunió, aunque mi padre continuó trabajando en el campo y desde ahí seguía contribuyendo en nuestra manutención. Los hijos iban creciendo, los gastos también y mi madre añoraba a su gran compañera; la máquina de coser que se había quedado en el pueblo, buscando una solución para traerla (en esa época viajábamos en tren o camión de pasajeros y no era posible traer ese tipo de muebles) se contactó con un transportista que traía la fruta que se produce en el pueblo y se trajo su maquina en un camión de redilas. A partir de ahí volvieron a ser grandes compañeras, siguieron elaborando bellas prendas. Mi madre fue modista empírica de muchas personas y cuando se agotaba ese tipo de trabajo, conseguía trabajo de maquila. Me atrevo a describir a este artefacto como alguien con alma y sentimiento porque así lo siento, en la actualidad cuando me acerco  a ella le hablo con cariño, la acaricio, si alguien me descubre haciendo esto  dirá que estoy loca pero no me importa yo sigo con mi ritual, la limpio, le aplico  aceite y coso aunque sea un dobladillo o una costura sencilla.

Pero regresemos a la historia de mi Singer, mis hermanos y yo terminamos nuestras carreras, los sueños de mis padres se cumplieron al vernos realizados a todos y cada uno de sus hijos;  y decidimos que ya habían trabajado demasiado mi madre y su máquina; que ya era tiempo de descansar y dedicarse a otro tipo de labores más sencillas. Pero ellas no pudieron separarse continuaron elaborando prendas para la familia, cortinas, sábanas, adornos, algunas camisas y algunas prendas para sus nietos; muchas veces mamá trató de enseñarme a coser y me cortaba las prendas que ella terminaba cosiendo porque yo no lo hacía, tal vez reacia a aprender por recordar las jornadas tan pesadas que las vi compartir.
Llegó el día que iba a casarme, con cuanto amor  elaboraron mi ajuar de novia, un vestido muy económico pero no por eso menos hermoso, cuando esperaba la llegada de mi primer hijo al fin me dio por aprender a coser y cuando recibí en la máquina las primeras lecciones y por fin aprendí a usarla  mamá dijo que  era para mi, aunque pensaba que sería mejor una de motor como la que ella siempre quiso tener , me prestó dinero para comprarla y llegó a casa una flamante Singer Facilita  con muchas funciones y que ha sido muy útil pero que uso solo para coser prendas de  casa o mi familia, después adquirí otras máquinas de coser (en total 3, creo que me aficioné a las máquinas de coser, porque cuando voy a algún almacén donde las venden me quedo viendo y admirándolas mucho rato) y fue así como dejé de usar la la vieja máquina.
Llegó el momento en que mi querida madre quiso regresar  a vivir al pueblo y se llevó todos sus muebles incluyendo mi máquina de coser. No fue posible que mamá se quedara sola en el pueblo pues mi padre ya había fallecido y ella tenía una edad muy avanzada, regreso al DF donde vivió tranquila y feliz hasta sus últimos días (95 años), siempre lamentó  no poder usar más la máquina ya que sus habilidades fueron disminuyendo.  
Sigo sintiendo esa máquina tan  mía, aunque la haya usado  poco tiempo, ella encierra mi historia familiar;  ahí  sigue en un lugar de mi casa al igual que otros objetos más antiguos que también guardan otras historias y que cuando estoy en ese lugar me encanta recordar aunque algunas no me tocó vivirlas sino escucharlas de mis progenitores y yo espero seguir contándolas a mis hijos y nietos para que sepan cuáles son sus raíces, ojalá se sientan tan orgullosos de ellas como yo.

Ameyalli 2014

Estado de México

martes, 6 de mayo de 2014

Tú y yo cruzando los mares

No, no se espante ni se asombre Amo, soy real, existimos los genios tal y como se dice en los cuentos para niños. No Amo, no me mire con lujuria, no me mal entienda, es usted muy guapo pero hay algo en las reglas de la magia que impiden los encuentros carnales entre nosotros y ustedes. ¿Sabe Amo?, yo alguna vez fui una mortal como usted, caminé por su mundo terrenal, ese donde no existe la magia o al menos no se cree en ella, ¿quiere que le cuente Amo?… todo empezó cuando tenía cinco años, a esa edad solo existía una cosa que deseaba con el alma: una alfombra voladora, así que escribí en un papel mi deseo, esperando cualquier momento encontrar un pozo, un duende o cualquier ser mágico que me lo concediera, pero en vez de eso jugando en la playa encontré una botella de cristal con un corcho a lado de ella, era muy curiosa para mí y fue ahí donde se me ocurrió la gran idea, meter mi deseo en la botella, taparla y arrojarla al mar esperando que alguien cumpliera mi deseo. Mi vida transcurrió sin que apareciera mi alfombra, pero empecé a soñar repetidamente con una cueva, en su interior había una lámpara de oro, joyas, diamantes, pieles y demás lujos. Veinte años después, en un viaje al mar, vi la cueva que aparecía en mis sueños, la curiosidad hizo que corriera a su interior y una vez dentro caminé hasta llegar a un hueco en el que solo podía entrar arrastrándome. Al final del hueco había un cuarto redondo, alumbrado por una hermosa lámpara de oro, ésta, la que usted encontró Amo, debajo de ella, levitando en el aire, una alfombra de un precioso color morado con bordados de oro; corrí hacia ellas y en cuanto toqué la lámpara la magia se hizo, mis pies, muñecas y cuello quedaron adornados por las más bellas joyas y mi vestido, como usted puede ver es de las más finas telas; es difícil explicar cómo se siente la magia, pero es eso: magia, y la sientes por todo tu cuerpo, a excepción del corazón, ese ya no lo sientes en ti, si no en la lámpara; verá Amo, la de la magia es la lámpara, los genios somos sus esclavos y ella toma la forma según el genio, ahora sé que la botella que encontré en la playa cuando era niña era el hogar de Pukha, un genio astuto que ama el mar y había conseguido lo que pocos genios consiguen: libertad. Nosotros solo podemos salir y entrar a nuestros objetos de magia a nuestro antojo, en el lapso que tardan los mortales en pedir sus deseos y como usted bien sabrá Amo, la ambición de los mortales es mucha y en poco tiempo los piden, limitando a los genios de esa pequeña libertad pasando cientos de años encerrados. No sé de qué artimañas se sirvió Pukha para prolongar indefinidamente ese tiempo, el punto es que cuando encontré su botella él estaba afuera y al cerrarla y arrojarla al mar con mi deseo adentro, la botella sintió la fe con la que lo pedí, y decidió cambiar de genio, pues el comportamiento de Pukha empezaba a ser demasiado arrogante para esclavo de una botella. Pobre Pukha, quien sabe cuántos mares cruzó para encontrar su botella, pero cuando lo hizo, ya no era su botella, ahora era mi lámpara, objeto que va más conmigo que con los salvajes modos de Pukha. Verá Amo, cuando un genio pasa demasiado tiempo fuera de su objeto mágico, va perdiendo su fuerza, tiene que meterse en algún momento para recuperarla, pero Pukha había sido ya rechazado, por eso esperó paciente el momento para volver a entrar. Él estaba ese día en la cueva. Cuando me convertí en genio se acercó a mí y me envolvió con su palabrería, diciéndome que me ayudaría a comprender y manejar la magia, me convenció de llevarlo conmigo dentro de la lámpara, pero una vez adentro me encadenó en una jaula, no sabe el tormento que pasé Amo, Pukha no podía matarme, hay algo entre genio y lámpara que me protege y sabía que si yo descubría cómo usar la magia, sería más fuerte que él. Pese a mi encierro observé muy bien a Pukha y pronto supe cuál era su debilidad: amaba el mar y la libertad. Pronto se aburrió de vivir encerrado en una lámpara, así que un día lo seduje, le hablé de mil planes juntos, él y yo cruzando el mar en mi alfombra voladora –él no podía montarla solo -, así que me soltó y mientras nos dábamos los besos más apasionados entre mil pieles finas, hice aparecer una enorme espada en mi mano, Pukha la vio reflejada en un jarrón de cristal antes de que yo pudiera usarla e hizo lo más sensato, escapar, llevándose parte de mis joyas. Supongo que ahora Pukha, solo tiene oro, pero no sé qué pueda hacer ese pobre hombre afuera, en cambio yo, tengo conocimiento Amo, la magia está hecha de ciencia y todo el tiempo que he estado adentro he aprendido, manejo la alquimia, la astrofísica y biología entre muchas otras ciencias ¡ahhh que no haría yo estando libre! Tal vez sería dueña del mundo con magia, riqueza y conocimiento, pero no se preocupe Amo, yo no ambiciono eso; una vida placentera cumpliendo deseos y viviendo en la lámpara es lo que yo quiero. ¿Ya sabe qué va a pedir Amo, aún no? No se preocupe, tómese su tiempo. Le propongo algo Amo. Este dije en forma de caracol que cuelga de mi cuello, era de Pukha, aquí están todas las hermosas esclavas que lo atendían, están Helena de Troya, Cleopatra, Frine y las más bellas mujeres de la historia en un ambiente paradisíaco dispuestas a atenderle, recuerde que no han visto a un hombre desde que Pukha no está, y de eso ya es bastante tiempo, si usted gusta puede entrar a hacerles compañía y cuando se relaje y sepa que pedir solo dígalo. Y no se preocupe Amo, esta gracia no será tomada como deseo, va por mi cuenta, entre aquí, no se arrepentirá, ¿Esta cómodo Amo, lo atienden bien? … Perdón amo pero... no lo escucho, en serio no lo oigo, ¡bah! Algún día lo oiré, mientras, ¿Dónde estás mi amor? sal hermosa, hay muchas cosas que hacer, ¡ah! ahí estas bonita, que hermosa alfombra, tu y yo, cruzando los mares.


Licenciada Sandoval
Estado de México. Mayo 2014

jueves, 10 de abril de 2014

Editorial



La Religión

Desde que la humanidad tuvo tiempo libre nació el ocio, con el ocio vino la contemplación de la naturaleza y con la contemplación de la naturaleza inevitablemente llegaron las grandes preguntas universales: ¿Cuál fue el origen de todo? Y ¿Por qué o para qué estamos aquí? ¿Qué hacemos con la existencia? Al no tener una respuesta precisa el ser humano se sintió vacío y para llenar ese vacío creó las religiones(o a los dioses). En su parte más constructiva las religiones son cosmovisiones del mundo, elementos de identidad cultural y convenciones éticas y morales cuyo propósito original es tratar de convivir mejor. Pero el miedo a lo desconocido o a lo diferente  que el ser humano suele tener, trajo el lado más oscuro de las religiones: los dogmas y la intolerancia. La historia de la humanidad, está llena de crímenes y guerras que se desataron a partir de los dogmas religiosos. Hasta la fecha la religión no se ha sacudido ese estigma de sangre,  y las funciones de cosmovisión, de identidad cultural y de normar el comportamiento han sido substituidas por la ciencia, el concepto de Estado-nación y por la ley. Actualmente es más “cool” ser ateo y la gente religiosa es vista como arcaica y alienada –la religión es el opio de los pueblos, dijo Marx-  La ciencia, los Estados y las leyes también tienen sus dogmas, las guerras y los crímenes siguen aunque ahora se cometan  nombre de la libertad y de la democracia, así le llaman ahora al Dios dinero;  las preguntas universales siguen sin respuestas y las mujeres y los hombres seguimos sintiéndonos vacíos, o llenos de preguntas. Mientras las dudas sigan y no exista una religión que nos convenza, este mes en Desencuentros escribimos sobre la fe, las creencias, ritos y todo aquello que tiene que ver con expresiones humanas y en ningún momento divinas.  

miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Se acuerdan de mi primer permiso?

Mamá, Papá y demás anexados a quienes les he tenido que dar explicaciones durante estos 16 años:
Quizás para cuando encuentren ésta hoja y luego, para cuando les interese leerla, será demasiado tarde para que vuelvan a cachetearme; esta vez no me perforé nada, no reprobé materias, esta vez les escribo porque, aún contra su voluntad, he dejado de ser “virgen” ¡ja! Sigue dándome tanta risa esa pinche palabra. Me encantaría estar presente para ver su cara, ver a mi Mamá con un ataque de histeria, con taquicardia, llorando, pensando “debimos llevarla más veces a misa” mientras de un trago de agua se pasa quien sabe cuántas pastillas para “los nervios”; verte a ti, Papá, imaginando cómo fue, cuándo, ¿cuándo fue que me les escapé para coger? Te imagino mordiéndote el labio, encabronado preguntándote en qué fallaste conmigo, me imagino la cara de ambos, preguntándose si “ese mugroso de rastas” con el que me veían tan seguido fue quien se robó aquello que ustedes prometieron cuidar y guardar hasta que saliera vestida de blanco de su casa. De eso va mi carta. Escribí una carta porque contárselos en persona me hubiera resultado imposible. Recuerdo cuando me cacharon a fuera de la secu, con la falda doblada de la cintura para que se viera más corta ¿ustedes se acuerdan?, no sé qué hubo más, si cachetadas de mi mamá acompañadas de un rezo, ese murmullo casi incomprensible que utilizaba siempre en sus casos imposibles, o nalgadas propinadas por mi papá ¿si te acuerdas que hasta los 14 me seguías nalgueando? Lo malo de decirte esto ahorita es que no sabré nunca si lo hacías para disciplinarme o para masturbarte más tarde, no creas que no me acuerdo de cuando me rozabas “sin querer” cuando me sentabas en tus piernas “de cariño”, ¿tú te acuerdas de eso Mamá o tampoco te acuerdas como él? Y sin olvidar lo que me gané por subirme la falda en la escuela: un año yendo a misa obligada por ustedes, sin faltar ningún domingo. El Padre Alfonso me obligó a confesarme, decía que sería la única manera de salvarme del pecado de la lujuria y me preguntaba si algún niño ya me había tocado mis partes privadas, si yo me tocaba sola debajo de la falda, si alguien ya me había visto los senos… ¡ja¡ hasta me preguntó si usaba tanga, en fin, vaya método de salvación ¿no? Varios cientos de Padres Nuestros y Aves Marías, según él, limpiaron mi alma de pecado y así brinqué al lado de las favoritas del Señor.
Recuerdo al Padre Javier, él al contrario, no me mareaba con sus sermones, él hablaba de Dios como si fuera un ser humano como nosotros, él hablaba del respeto hacia las mujeres, hacia las diferencias, hacia los animales y la naturaleza. El Padre Javier me hizo creer no sé si en Dios, pero sí en un fuerza superior que vivía dentro de nosotros, no aquellas imágenes que adorábamos en las iglesias, su choro me gustaba más. El daba la misa de 7 los miércoles y comencé a ir a esa hora. Los recuerdo a ustedes tan orgullosos de mí, se les llenaba la boca diciéndole a los vecinos que yo iba a misa en lugar de fiestas, “que iba a ver al Padre Javier y no a andar de loca” y sí, aunque no lo crean, yo decidí creer, a mi manera pero creía en Dios y sus santos, rezaba, me encomendaba, hasta que a la mala me di cuenta que nada de eso existía. Dejé de ser “virgen” a manos de 2 señores, uno enseguida de otro ¿sorprendidos? no fue Paco “el mugroso de rastas”, aún no estaba lista y de pronto una noche tuve que estarlo.
“¡Abre la boca perrita! Primero para decirme tú nombre y tu edad y después para que me la mames”, mientras quien sería el “primer hombre de mi vida” me jalaba el cabello y me arrodillaba a fuerza. “¡Qué la abras, te dijeron!”, gritó el segundo tan cerca de mí, que casi me desmayo por lo asqueroso de su aliento. “¡Clara, me llamo Clara, tengo 16 años!”, les dije llorando. Intenté decir que no, pero ya tenía su pene en mi boca, él me jalaba y empujaba de la cabeza, mientras el otro me arrancaba mi chamarra, blusa y brassier. Después de no sé cuánto tiempo vomité, casi me ahogo con mi propio vómito, ahora maldigo no haberlo hecho. “¡Hija de tu pinche madre!, ¿no te gusta chupar? ,¡pues te la voy a meter por el culo!” dijo enojadísimo, el gordo infeliz y continuó gritando a quien me rompió la ropa. “Santiago, date tú primero, en lo que me limpio el vómito de esta asquerosa, pero me dejas las nalgas”. El tal Santiago me dio dos puñetazos en la cara, empecé a ver todo negro y lo sentí, sobre mí, casi dejándome sin aire por su peso en movimiento sobre mí, ahí, queridos padres, se fue mi virginidad, se fue el pedazo ese cuero que tenemos las mujeres, que nos clasifica como limpias o impuras y sí, Santiago se dio y se dio hasta que terminó dentro de mí. Regresó el gordo, a mí me dolían tanto las piernas que intentó pararme y no podía, me volteó bocabajo y cumplió su promesa, me cogió por el culo el muy bastardo, mientras yo gritaba y gritaba que me ayudaran nadie hacia nada, no importaba cuanto rezara e intentara quitarme, el dolor era insoportable, la sensación asquerosa; levante la cabeza, ya casi sin fuerza había un tercero, viéndonos, tocándose, fui quizás su “porno show” en vivo y gratuito del momento. Él tampoco hizo nada. De pronto el gordo se paró, me volteó y se hincó sobre mí, me lo volvió a meter en la boca y ahí sí terminó todo. Se levantó, se vistió y le ordenó al que nada más nos vio, que me llevara con los otros.
El mirón me arrastró unos metros y ahí me tiró. Paco, todo madreado, con la ropa rota, se me acercó de inmediato junto con los otros 10 del grupo. Yo era la única mujer.
Llorando Paco me decía que me amaba, que me iba a llevar al hospital, que buscaríamos a la policía, mientras me abrazaba y me cubría con su chamarra, me ayudó a caminar y cuando pude abrir los ojos y levantarme, me di cuenta que otras 8 personas, armadas, nos rodeaban a todos. Ellos evitaron a punta de pistola, que alguien me ayudara.
Antes de que se pregunten en qué fiesta fue, si me les fui de pinta algún día, si fue por traer la falda corta, si fue por enseñar las chichis, les digo que no fue así. Fue caminando en mi primera visita que con tantas ganas le haría al Señor de Chalma. Éramos una peregrinación… ¿Te acuerdas Má?, ¿te acuerdas que a eso sí me dejaste ir? Tu compadre la organizaba y pues no habría problema. No fue en un antro, no fue en casa de Paco mientras sus padres no estaban, no fue cuando iba al cine y tú me hacías quitarme la ropa interior para saber si realmente había visto una película o había cogido.
Llegamos a la iglesia de Chalma y no hubo rezo que me tranquilizara, buscamos policías, a los que encontramos nos dijeron que ni le moviéramos “que a eso nos arriesgábamos” que allí en las Torres es territorio de los chacas y que no pueden meterse, porque son menos que los que atracan a los peregrinos a. Una señora que se acercó a preguntarme qué me había pasado me dijo que estaba n el lugar correcto para perdonar a quien me hizo esto, que hablaa con el Señor de Chalma y vería que esto pronto sería sólo una pesadilla. Esa frase no me ha dejado dormir desde hace 3 meses, tiempo en el que ninguno de ustedes se dio cuenta de lo que me pasó, al contrario, Mamá, me regañaste por haber ensuciado la chamarra que me prestaste ese día y no haber regresado con algún recuerdito del Señor de Chalma ¡jajaja!
PD: Mamá: Este es mi recuerdito, no busques tus frascos de pastillas para los nervios, me las tomé todas. Papá, tú si quieres guarda esta carta, ahora que no me tendrás ahí para manosearme podrás usarla para masturbarte con ella.
Y vayan a misa, vayan ciegamente a llorarle a Dios su tristeza, su pena, su vergüenza; al fin su religión les ayudará a encontrar la paz, esa que yo no encontré después del día que por fin me dieron permiso de salir lejos de casa.

 
rABYa
México DF.

jueves, 16 de enero de 2014

Los Nuevos Dioses

Amaneció brumoso,  la neblina bajó hasta los patios de las casas y cubrió a los animales, el Vale despertó temprano como era su costumbre, desayuno frugal, un simulacro de baño y una rápida planchada a la túnica, la misa era a las siete. Llenó la pila de agua bendita con agua del grifo y se santiguo tres veces, revisó el número de hostias en el copón y se comió tres, sobraban para la comulgación; dio cuenta de un sorbo del vino para consagrar y mientras abría la puerta de la iglesia escuchó el canto de los gallos, tres veces, como Pedro hace dos mil años. Concepción apareció al cuarto para la siete con un atado bajo el brazo, por el olor, el Vale adivinó memelas de frijol y manteca y una pieza de pan.
-El Desayuno del Padre, se viene en ayunas el pobre.
-¿Y para mi?, aunque sea una coca.
-Dile a Fega, esa es la que te atiende.
Era verdad, Fega no había llegado, para esa hora debía estar ya en la sacristía y con el dinero de las limosnas debidamente ordenado en billetes y monedas, al Padre no le gustaba el desorden.
-¿Y qué esperas? Suena la campana, se habrá desvelado, ayer la vi en la Soledad hablando con las rezadoras para que vinieran.
-Esas no van a venir, ya las tiene hasta la madre el Padre, dicen que cobra hasta por dar la bendición.
-Si vienen, les prometió la mitad de las limosnas de hoy.
El Vale  se apresuró a sonar la campana y a prender el sonido, ya eran cinco para las siete y nadie del pueblo llegaba, aquello era anormal, generalmente a la misa de siete asistía la mitad del pueblo y la iglesia se llenaba desde las seis y media; desde el campanario vio venir un grupo nutrido de señoras tapadas por sus rebozos y agitando las manos, gritó lo más fuerte que pudo.
-¡Concha! Viene doña Emilia con todas las rezadoras.
-Chingale, ya se enteró. Desgraciada Fega, por eso no ha llegado.
El Vale bajo del campanario y corrió hasta donde estaba Concepción que ya se tronaba los dedos de los nervios, ambos observaron entrar al grupo de mujeres por el atrio de la iglesia con doña Emilia a la cabeza, los señalaron, señalaron hacia la calle y al unísono como si hubieran ensayado la puesta en escena levantaron el puño en señal de reto, doña Emilia llegó hasta donde estaban y descompuesta por la furia les gritó.
-Pinche Valeriano, ¿Dónde está el cabrón del Padre? ¿Y Fega?
-No han llegado.
-No te hagas pendejo, dile que salga, dile que ya sabemos todo y que no lo vamos a permitir.
- Que no ha llegado doña Emilia, mire usted ya son las siete y ni gente ni misa, el padre no está.
-Par de cabrones y la otra también, Regina diles, diles que ya sabemos todo.
-No se vale, no chinguen, ¿de dónde se le ocurren al Padre esas cosas? Si ya le dijimos, que está bien que cobre las misas, que está bien que él quiera supervisar los trabajos de la iglesia, que está bien que lo que manden los paisanos del norte lo administre Fega para las mejoras y los gastos, pero hasta ahí, son chingaderas Vale, con las creencias de la gente no se metan, ¿fue Fega verdad?, ella le dijo,  nunca nos ha querido y esta era su oportunidad.
-Doña Regina yo no sé nada, yo aquí como ve, abro, cierro, toco la campana y preparo lo de la misa, nada más, ni sueldo me pagan.
-¡Ay Dios! Ampáranos,  Valeriano y tu camioneta nueva apareció nomás de seguro, o   el Sky te lo regalan.
-A ver señoras ya dijo el Vale que no está el Padre ¿qué más se les ofrece?
-Tu cállate Concha, si andas ahí de arrastrada, como el marido está en el norte, andas viendo si el Padre te hace el favor,  no creas que no sabemos,  si hasta su ropa le lavas y le das de comer, bueno pa acabar ya sabemos que eres su mujer.
-Doña Emilia no haga chismes, yo sólo me acomido a ayudar a la iglesia.
-Pendeja, si ayudaras a la iglesia estarías con nosotras, de dónde saca el Padre que se va a cerrar esta iglesia y se va a llevar las fiestas a la de abajo, qué no sabe que la virgen siempre ha estado aquí arriba y es la patrona del pueblo, qué no sabe que la gente es muy devota y no va a permitir semejante atropello.
- Señoras, aquí Concepción y yo no podemos decirles nada, porque nada sabemos, por qué no esperan al Padre y le dicen lo que piensan, aunque dudo que venga, ya son las siete y media y no parece que vaya a venir.
-Aquí esperamos gracias.
Concepción y el Vale se retiraron hacia la sacristía, aquello era insostenible, una cosa era aguantar las groserías de doña Emilia y su gente, otra sería si iban con el chisme a todo el pueblo y se enteraban los del norte, urgía que llegara el Padre y arreglara todo, o que al menos calmara a las señoras. Fega entró por la puerta trasera, apurada y recién bañada, miró a Concepción y al Vale a los ojos y solucionó todo en una frase.
-Ya llegó el Padre.
-Dónde está, doña Emilia esta allá afuera con las rezadoras y ya se enteró que quieren cerrar esta iglesia y que todo sea en la de abajo, están bien encabronadas, dicen que le van a decir a todo el pueblo.
-Cállate Concha, ahorita las apacigua, les va a ofrecer la navidad de este año, y que se queden con lo que se recabe de limosnas y de cooperación de la fiesta del pueblo, después nos las chingamos y tu Vale repica las campanas.
-¿Va a haber misa?
-A huevo.
-¡Bendito Dios! Ya me había preocupado.

Raziel Jacobo Correa Alvarado
México D.F.  2014