martes, 30 de agosto de 2016

¿A qué olía Violeta?


Hablar de Violeta me resultaba incómodo, era como un golpe bajo para mi orgullo porque equivalía a aceptar abiertamente una derrota emocional, por decirlo de algún modo. Podría argumentar que no sé las razones que la hicieron tan… especial, pero eso significaría no solo mentirle a la persona que se tome el tiempo de leer esto, sino mentirme a mí mismo, que sería peor, es que la negación y la ignorancia suelen ser la línea divisoria entre la candidez y la estupidez y, “casi enamorarse” de alguien no es una estupidez, ¿o si?
Violeta era la síntesis de las virtudes que yo apreciaba en una persona y de los defectos a los que les podía dar cabida en mi vida, tenía muchas de ambas cosas y eso me gustaba, incluso, me parecía admirable. Tenía dos grandes virtudes que eran mis favoritas, una era que no pretendía nada, se asimilaba y se asumía como lo que era: una chica clínicamente diagnosticada de sus desórdenes psicológicos, pero una chica alegre -quizás un poco ignorante de su belleza particular y un tanto andrógina- que no usaba celular. Su otra gran virtud era que "lo entendía", no se me ocurre una explicación más especifica cuando me refiero a que “lo entendía”, ciertamente no me refiero al secreto de la vida, al hilo negro, como suelen decir, ni algo por el estilo, pero quizás, y solo quizás, me refiero a que aceptaba las cosas como son, pero no es eso del todo, o sí, pero más. Me gusta creer que vi más allá de lo que la mayoría ve en ella, pero cabe la posibilidad de que solo me mienta al respecto. 
Concretamente, solo estuvimos juntos en tres ocasiones, bastó. Claro, llegábamos a coincidir en lugares comunes como bares y aulas, pero ni ella ni yo éramos capaces de acercarnos mucho, porque estaba con sus amistades o yo con las mías; sin embargo, cuando estábamos a solas podíamos platicar a nuestras anchas, incluso, y por ejemplo, una vez pasamos gran parte de la tarde debatiendo los pros y los contras de usar pañal en la edad adulta. De esas tres citas que tuvimos solo nos acostamos en una, y tengo que explicar algo al respecto, para mí, el principio sexual es muy básico, objetivamente se trata de meter y sacar algo de una cosa con un objetivo, o dos, dependiendo de si el objetivo de la pareja que lo practica también es la reproducción, la única variación es el empaque, que puede ser más o menos terso, más o menos flácido, más o menos curvilíneo; otra variable a considerar es la técnica, hay quienes se mueven como una máquina para hacer esquimos o quienes se contonean con ritmo de blues, por decir ejemplos. Sin embargo, cuando estuve con Violeta fue diferente, con ella se fueron a la mierda los conceptos del empaque y la técnica, ella me tocó de verdad; puedes dormir con muchas mujeres pero el porcentaje de las que te dejan huella es mínimo, Violeta fue el más mínimo de los porcentajes; recuerdo haber hecho el amor anteriormente, pero la intensidad fue menor.
Retozar con Violeta fue casi inocente, una expedición de tacto y olfato en la que la bitácora de mi memoria quedo saturada de ella. Su cuerpo tímido y dispuesto, las pieles reconociéndose, familiarizándose, sus caderas anchas, sus glúteos firmes que desembocaban en unas piernas fuertes, pálidas, que cuando andaba daban zancadas autoritarias. Sin embargo, las palmas de aquella noche, y más, se las llevo su aroma difícil de describir, era sutil y fresco pero se me grabo tanto que aun meses después si llegaba a percibir un perfume parecido en la calle o en el transporte me detenía y volteaba la cabeza para un lado y otro como esperando que estuviera ahí; su aroma, se intensificaba entre más recorriera su piel con mi boca, todo el conjunto de labios, lengua y dientes, y se intensificaba cuanto mas me acercara a su entrepierna. Todo quedo impregnado de ella, todo el departamento, de verdad.
Luego de la tercera cita desapareció, que es un decir en pos de un sentido más fatídico para el relato porque seguíamos encontrándonos aisladamente en esos sitios comunes y ocasionalmente tenemos contacto por las redes sociales pero nunca volvió a ser lo mismo, ella tuvo una recaída y cuando se recuperó volvió cambiada, fue como haber inflado un globo al que después se le escapo el aire de a poco. 
Con el tiempo vinieron otras chicas que pasaron sin pena ni gloria por mi alcoba, entre ellas la Elisa, la Emiliana, la chica del tatuaje de tiburón por encima del seno izquierdo de la que no recuerdo su nombre, también vino Andrea y un par mas; todas contribuyeron a revivir mis conceptos de técnica y empaque y estuvo bien, fue hasta una tarde en un bar que conocí a Jimena que todo se volcó. Estuve a punto de echarla de casa un par de veces porque le daba por dárselas de intelectual echándome en cara una sarta de estupideces relacionadas con Coelho, Jodorowsky y Carlos Cuauhtémoc Sánchez, y lo habría hecho sino hubiera optado por quitarse la blusa y seducirme; era linda pero sin entusiasmos, sin embargo, hubo algo que la hizo obtener de mi las caricias mas honestas de las que soy capaz: olía igual a Violeta, al menos terriblemente parecido y, entonces, yo solo quise embriagarme de ella, como un alcohólico en abstinencia al que le ponen una botella enfrente, y lo hice, para el final de la noche todo estaba muy similar, casi con demasía, a la mañana siguiente en la que Violeta y yo nos acostamos, de hecho, mi cuerpo olía a ella, no a Jimena sino a Violeta, sobre todo los dedos índice y anular de la mano derecha. No volví a ver a Jimena, tampoco es que quisiera volver a hacerlo, sin embargo, aquella semana no me bañé sino hasta que comencé a oler mal y llegue a la conclusión de que aquel aroma, ese perfume que revivió tanto en mí, era, no otra cosa, sino el aroma de la nostalgia.


Clementino Diógenes
México, DF.


lunes, 29 de agosto de 2016

Nosotros

Recuerdo que era un martes, o tal vez quiero recordar que era martes, el día que yo considero perfecto para que las cosas importantes sucedan. Caminábamos tomados de la mano por las calles del centro de la ciudad, María ensayaba una sonrisa tímida que yo descubría mientras la miraba con el rabillo del ojo y sonreía también, satisfecho, alegre, seguro. Era el cuarto día de una relación que comenzaba con buenos augurios y presagios de mejoría, es decir, íbamos muy bien. María era un vendaval de emociones, como una tormenta de sensaciones que se sucedían una tras otra sin control ni mesura, en un momento podía pasar del amor más arrebatado al odio más irracional, o del apacho meloso a la total indiferencia. Ese martes todo iba excelente, comentábamos trivialidades y caminábamos enamorados por las calles en una deriva pactada con anterioridad: ni yo diría hacia dónde íbamos, ni ella preguntaría, la sorpresa rondaba el ambiente. Lo decidimos así después de acaloradas discusiones donde ella me reclamaba no querer conocer lugares nuevos y sólo querer frecuentar los mismos a los que iba con mi ex, yo argumentaba que por supuesto que no, que me gustaba ir a los lugares de siempre porque me conocían, me atendían bien y me gustaba la comida o bebida según fuera el caso.  Así que yo me dejaba llevar por el azar y el olfato,  o eso pensé, me traicionó el inconsciente.
-Mira este café ¿se ve bueno no, entramos? Le dije a María.
-Bueno, como tú quieras yo tenía antojo de una cerveza.
-Ah, parece que aquí también venden.
-¿Ya lo conocías?            
-Ehh no, pero en el centro venden cerveza en cualquier establecimiento.
-Mmm bueno.
María bella mujer, dejaba que su sexto sentido la guiara y expresaba una duda legítima, yo conocía ese gesto, en cuatro días de noviazgo había aprendido que era el preámbulo de un registro y análisis de todas mis palabras y acciones, o lo que es lo mismo, a partir de ese momento podría considerarme observado con lupa, debía ser precavido y andarme con tiento, no lo logré.
-Me gusta mucho tomar café, de joven tomaba hasta 4 tazas diarias. Comenté
-A mí no tanto, sólo por las mañanas, ¿aquí está bueno el café?
-No mucho, antes era  mejor, ahora le ponen mucha agua y no sabe bueno.
-Ahh, ¿antes pedías americano?
-Sí, aunque recuerdo que una vez pedí un capuccino deslactosado y me hizo mucho daño.
-Pinche Joaquín, eres un mentiroso, me voy de aquí, lo nuestro se terminó.
-¿Qué paso? ¿Qué hice? ¿Por qué te vas?
-¿No que no conocías este lugar? Seguro venías con tu ex a cada rato, eres un pendejo, no me quieres y no quieres estar conmigo, no me merezco esto, disfruta tu vida.
-Espera, por supuesto que no, me equivoque, este no lo conocía, el de al lado sí.
-Pendejo, tus excusas de siempre, me voy y piensa en lo que perdiste por no olvidar tu pasado.

Mierda, una relación que se caía por un error de cálculo, breve amor que se consumió en la llama de su propia pasión, porque efectivamente, erré por quince metros entre lo desconocido y mi lugar de costumbre, está de más decir que me sentí devastado y sin consuelo, estoicamente, mientras era observado por todos en el lugar, pedí una cerveza (si vendían) y abrí un libro de Pessoa, si me iba a instalar en el pasado más me valía sucumbir de lleno a la melancolía y  brindar por una relación más que no fue y no sería. 

Raziel Jacobo Correa Alvarado
CDMX Agosto 2016

lunes, 1 de agosto de 2016

Ex soltería, o la merma de la trascendencia metafísica

Nada especial: me enamoré a muy corta edad del único ser que me prestaba atención en aquellas épocas. Sin saber cómo ni cuando, había desechado al resto del mundo de mi psique, pues con él, mi primer amor, me sentía completo. Hasta que, por supuesto, llegó la decepción. Un día me comporté como un idiota, deseando enamorarme de alguien que no fuera yo, y el desprecio a mí mismo se instaló en mí cuerpo como una infección que me tumbaba a llorar en la cama. Me perdoné viendo tele, jugando videojuegos, me masturbaba, comía chocolate en exceso… y un día volvió la alegría de vivir. Me reenamoré de mí mismo y el círculo vicioso continuó así hasta que terminó mi relación. Mi primer ex novio quedó muerto después de mi segunda década de vida.
Como deportista de alto rendimiento en la práctica del onanismo, fue un choque espiritual el descubrir las mieles que un cuerpo ajeno podían ofrecerme. Si bien sabemos que la única posibilidad sexual de dos cuerpos es el masturbarse mutuamente, es bien cierto que una conexión espiritual adquiere sentido y pare una entidad metafísica inquebrantable. Débiles espirituales como somos, le damos a la antiquísima y tradicional palabra “amor” el sentido que hoy todos conocemos: beneficios económicos, (yo te pago la cena, tú trapeas; o, los dos trapeamos y los dos aportamos dinero; o sencillamente, nadie trapea ni da los billetes y gorroneamos la siguiente botella); negocio espiritual: yo acepto ver esa película horrible siempre y cuando tu aceptes hacer esa escandalosa porquería en la cama; y así hasta que cada uno se va adecuando a la felicidad del otro y crear una, de inicio, placentera rutina. Después de un tiempo, ocurre que uno carga con ajenos pedazos de espíritu que se le adhieren como un animal pegajoso que ensalivamos con nuestra codependencia. Si el utópico objetivo de soportarse no funciona, alguno de los dos será el primero en huir. En mi caso, con aquel “segundo amor” nos restregábamos a la cara esas plastas pegajosas; nos arrojábamos esas medusas a la cara para siempre volver a mamar de ellas con lágrimas y sangre, además. 
Alguna madre de familia neurótica, con vida sexual deteriorada, y una familia de la que ya no puede arrepentirse, puede acusarme de vicioso, y ante el mundo moral que impera, tendría razón. Sin embargo decidí cortar esa segunda relación sentimental tóxica (mi segundo amor); intenté volver a encontrarme con el primero, conmigo. Pero ese yo, había cambiado. Ya no era el tonto inseguro capaz de poner la otra mejilla por miedo, mas no por virtud. Ahora era un brujo con cuerpo de plomo al que podías inyectarle litros de ron y llenarle la garganta con barbitúricos. Algunos dirán que lo hacía por tristeza, pero no. El Aldo Spazzino que entonces encontré, mi amor renovado, se había transformado en un brujo con buena presencia. Su aspecto con tenis gastados, pantalones recortados bajo la rodilla y un montón de cicatrices no hacían más que atraer mujeres, hombres, contactos profesionales y demás. Era auténtico. Un ser renovado que tenía un mensaje divino. Las voces que escuchaba de otras dimensiones las compartía sin recelo. ¿Delirios erotómanos e intelectuales, divinos productos del alcohol y el clonazepam? Pamplinas. Él ascendía a niveles que pocos han logrado. (No intenten convertirse en máquinas solteras para llegar a esto; no es tan simple). Sin embargo, el poder demoniaco de una sociedad que impide el progreso metafísico-individual, se/nos lo hizo pagar caro.
Tirado en una banqueta; comunicándote con seres amorfos, etéreos y volátiles, aparece un cuerpo; ella no entiende que esto es parte de tu éxtasis divino, pero su calor te cautiva. Un vampiro que no envejece, que dentro de su eternamente juvenil aspecto posee una sabiduría soberbia que te atrapa una vez más. Te devuelve, sin notarlo, al mundo que has abandonado a voluntad. El mundo gobernado por el Diablo. Vuelves a los placeres minimalistas, el de la eyaculación dentro de ella, el de la unión espectral de dos espíritus poderosos pero dispares, ver televisión y enterarse de los últimos acontecimientos de un mundo inexistente, discutir por las sopas maruchan o las ensaladas de coliflor. Manoseando los pepinos que llevarás del súper descubres que tus poderes esotéricos se han esfumado, no sirven ya. Meditas pero sólo escuchas el cuchicheo burlón de los dioses, representado como aromas femeninos. No hay mensajes ocultos en la fecha de caducidad del Ades de piña-coco. Te anulas, te pierdes, te desgarras en silencio cuando no sabes que decir frente a la vampireza mayor, (suegra, en términos seculares). Tu cuerpo de plomo ahora siente nausea al soportar encontrarte con los amigos o ex amantes de tu mujer Escarlata.
Y ahora queda sopesar. Resignarte a la tranquilidad de una película dominguera que culminará en un coito riesgoso, o rehabilitarte en las artes ocultistas que tanto conocimiento te ofrecieron cuando eras una máquina soltera. 
Ser mortal o transmutar, otra vez.




 Aldo Spazzino
Ciudad Nezahualcoytl, México

lunes, 13 de junio de 2016

Editorial/EL PADRE

EL PADRE
Este mes en Desencuentros solo hay un Dios, solo uno es nuestro padre, y por supuesto es hombre, jamás una mujer, así lo aprendimos en el Hogar. Nuestro padre es el que manda en la casa, es el prototipo de la masculinidad, guardián de los valores de la familia que es el núcleo de la sociedad desde tiempo de los Romanos. Igual que el Estado y los Gobiernos el Padre ama a todos sus hijos por igual, igual que Dios provee, colma de regalos y dinero a quien obedece su ley, castiga a quien osa desobedecerlo, no duda en mostrar su ira, pero conoce la misericordia y la caridad y perdona a quien se arrepiente. Por eso en un giro sorpresivo y polémico, Desencuentros dedica al Padre este mes de las madres, para que la banda heteronormada se proyecte, se desahogue y nos cuente sus historias y traumas en torno al mandamás, el único, rey del patriarcado. Colaboren.

El Acuerdo

El domingo por la noche todo era tensión en el pueblo, se alargaba el conteo de los votos y todos esperábamos con ansia e incertidumbre que se colgara la manta con los resultados en la presidencia municipal. Por primera vez y en un ejercicio  democrático nunca visto, las candidaturas fueron para tres mujeres que por supuesto representaban las mismas corruptelas de siempre. Daban las dos de la mañana y comenzábamos a sospechar de alguna tranza, Gel ya había amenazado que se robaría las urnas porque no se había apoyado su proyecto y don Camerino estaba borracho y con pistola paseándose por el Kiosco. La gente de la mamarru, como cada año y con la fuerza que le daba tener una de las familias más grandes del pueblo resguardaba la presidencia y exigía que se respetaran los tiempos y las formas. Los demás como decía, esperábamos y comentábamos las incidencias de la jornada:
1.- No se había visto la camioneta con abuelitos que bajaba a votar religiosamente por el PRI y después a cobrar sus 500 pesos.
2.- Por primera vez (muchas primeras veces este año) el PRI participó dividido, los Arteaga por un lado, los de Tehuano por el otro, la candidata era más cercana al grupo de Tehuano que parecía, afianzaba su influencia.
3.- Las agencias que antes votaban en bloque, ahora votaron divididas y se dejaron convencer por las candidatas sin importar el partido que representaran.
4.- Las mamarrus voltearon bandera y no apoyaron a los Arteaga, se percibían vientos de cambio.
5.- La candidata de Nueva Alianza dio despensas chingonas y con un pomo de Tequila Viuda de Romero.
6.-Se vio a Tehuano por la mañana en la agencia de Buenavista platicando con el principal y sonriendo.
7.- Rosa Mata la candidata del PRI mató tres chivos y se esperaba que anunciara comida el lunes.
8.- Don Camerino ya estaba echando tiros en el kiosco y mentando madres.
Los vientos de cambio llegaron de manera anunciada pero rompiendo todos los pronósticos, a las 2:30 de la mañana se colgó la manta de resultados dándole al PRI una victoria más, Rosa Mata fue la elegida, fuera del poder el arteaguismo y su paternalismo charro, basado en los compadrazgos y en la compra de favores y voluntades.  Los jóvenes y las mamarrus brincamos de gusto, no aventamos el sombrero porque ya no eran las épocas ni las horas, don Camerino amagó con dispararle a Tehuano y los de Buenavista se fueron para la sierra satisfechos en el deber cumplido. Un análisis detallado de los resultados demostraba lo eficaz de la estrategia; por 83 votos había ganado el PRI (el mismo número de los serranos de Buenavista) la candidata de la izquierda quedó en un honroso segundo lugar tras arrastrar sus propias traiciones. Los Arteaga que apoyaron a la candidata de Nueva Alianza al ser desplazados del PRI, felicitaban institucionalmente a la ganadora, pero se les veía en los ojos que no soportaban el fracaso y la salida del poder.  Rosa Mata que ya tenía lista la barbacoa para ese lunes madrugador improvisó un  discurso donde resumió diez trienios de hombres en el poder: “Tecomavaca ha tenido puros padres, pero muy poca madre, hoy eso cambia para siempre, nunca más les dirán que tienen  poca, porque tienen y mucha”. Los cohetones tronaron en el cielo y la gente organizo una procesión improvisada, brindamos con mezcal y cervezas, alguien corrió a tocar las campanas de la iglesia y juntos como hermanos le dimos la bienvenida ingenuos a nuestra nueva vida.


 Raziel Jacobo Correa Alvarado
CDMX 2016

lunes, 9 de mayo de 2016

Editorial



La Traición

Cuidado, no importa si es su mejor amigo o amiga, su pareja, su padre, su madre, su hermano o su hijo, sangre de sangre, cualquiera puede darle una puñalada por la espalda, voltear bandera, bajarle a la novia, o quedarse con todas las ganancias de aquel negocio que iniciaron juntos. Pero no se haga el mártir porque usted tampoco es un santo y es perfectamente susceptible a traicionar los acuerdos y chingar la amistad, y es que no todas nuestras decisiones gozan del consenso y aprobación de los demás, quizás se arrepintió, quizá entendió que el camino que llevaba su relación no era el de su preferencia, quizás determinó que mejor no le entraba al negocio y quizás para usted eso fue lo más sensato, pero híjole se jodió la cosa y ya no se habla con esa persona. Y hay más, en derecho (esa disciplina que nadie entiende)  se considera traición a cualquier conducta desleal a la nación, o sea que si usted se manifiesta contra las políticas neoliberales, el aumento al IVA, o pone Chingue su Madre EPN en una pared,  está traicionando a su país.  
Visto así, la traición es una cosa muy fea que la gente no debe hacer, para Desencuentros, que a toda tesis le encontramos su antítesis,   no todo es malo, tal vez usted querido lector/escritor ya tiene determinado su destino hasta las últimas instancias y  tenía armado el plan de vida y nada se interponía en su camino ¿Qué pasaría si lo traicionan los sentimientos? ¿Qué pasaría si de pronto alguien/algo se interpone en ese plan y lo trastoca desde sus cimientos? ¿Y si se enamora de la vecina? Sintió bonito verdad, pues ande, comparta sus traiciones este mes,  que ya es quincena, en Desencuentros.
P.D. En Junio cumplimos 5 años de existencia, la Traición fue el primer tema que tratamos en el blog, lo recuperamos este mes como un ejercicio nostálgico y bonito de recordación. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Anónimos

No se amaban pero se atraían, llegaron a quererse pero sin necesitarse; se sabían reconocer como lo que eran mutuamente, formaban parte de la transición del otro, una viga de un puente que conducirá a otro camino, con suerte, mejor que el anterior o, simplemente, distinto. A ella le gustaban los ojos verdes de él, unos ojos sospechosamente semejantes a los del autor del presente texto; a él le agradaban las manos de la chica, de dedos largos y delgados, como toda ella, dedos de pianista desperdiciados en el teclado de una computadora detrás de una ventanilla. Se besaron como siempre lo hicieron durante el tiempo que estuvieron juntos: con convicción. Ellos besaban y tocaban sus cuerpos por el simple hecho de querer hacerlo, por el placer que les producía hacerlo. No buscaban la reciprocidad, que es una forma de buscar la aprobación del otro con quien se comparte la cama y a quien se le confía la desnudez y la intimidad. Aquella noche no fue particularmente especial, lo cual no quiere decir que haya sido rutinaria; lo suyo no duró lo suficiente para que sus encuentros alcanzaran tal estatus. En la habitación la única luz que se colaba era aquella de los autos al pasar, ella descansaba su cabeza en el pecho de él y le preocupaba los tumbos que sentía en la parte izquierda del rostro que estaba apoyada, “¿es normal que sigas agitado todavía?”, pregunto pausadamente sin despegarse; “eso espero”, le respondió él y sonrió sin mirarla. El pecho por fin retomo su ritmo natural; ella se incorporo sobre sus codos y lo miro como aletargada; ella se movía siempre con timidez, como esperando que después de cada movimiento, cada gesto, cada flexión, cada palabra pronunciada existiera una posibilidad latente de desastre. “Lo que no entiendo es cómo puedes ser amigo de alguien como Fabián. Se la pasa faltándole al respeto a Fernanda, es horrible”, dijo ella al fin. “Fabián es de las mejores personas que conozco”; ella respondió con una mirada confundida; “no me mires así. Es la verdad”; “¿Cómo puedes decir eso, que no sabes de todas las veces que le ha sido infiel? ¡¿O es que admiras su comportamiento?!”; “te equivocas en ambas cosas”, le dijo el muchacho y le recorrió la mejilla izquierda con la mano; “¿entonces?”, pregunto ella apaciguada pero curiosa; “no te lo puedo decir; además no es asunto nuestro”; “¿Cómo no va a ser asunto mío si es mi amiga y no quiero verla sufrir?”, dijo ella haciendo gala de esa capacidad de muchas mujeres de cambiar de estado de ánimo en un tris; “créeme que ella no puede estar con una mejor persona, de hecho, he llegado a pensar que Fabián se merece a alguien mejor”, eso ultimo lo dijo el muchacho con la intención de irritar. Ella lo supo al instante y, aun así, se dejo irritar. “Te lo contare, pero solo para que me dejes en paz, ¿vale?”, dijo el para terminar la discusión que nunca tuvo oportunidad de ganar; ella asintió con una sonrisa maliciosa de satisfacción, luego tomo el brazo de él y lo uso de almohada; “pero debes prometer que no le contaras a Fernanda”; ella asintió; “ bueno, es cierto que Fabián nunca ha engañado a Fernanda; pero cuando comenzaron a salir él se dio cuenta de que ella era el tipo de mujer que necesita de una relación tormentosa para estar bien… no me mires así, no tengo la culpa de que tu amiga este jodida”; “eso es absurdo”, dijo ella; “no tanto, ¿Cuántos hombre conoces que le mienten a sus parejas para convencerlas de que les son fieles?, Fabián hace lo mismo, solo que al revés; Fabián le dice que le ha sido infiel para que ella no lo bote… en realidad tampoco se lo dice, solo deja que Fernanda llegue a esas conclusiones por si sola”. “¿Por qué lo hace?”, pregunto ella como intentando entender; “para protegerla, por que la quiere. Prefiere que ella se tambalee un poco sobre su cuerda floja en lugar de dejarla caer realmente. Así, cuando Fernanda ha tenido su dosis de amargura necesaria le devuelve el equilibrio y siguen juntos como si nada hubiera pasado, por que en realidad nada paso”. “Es una tontería. Fernanda ha sufrido mucho con otros hombres y estoy segura de que ella seguiría con Fabián sin necesidad de ese complejo plan para mantenerla a su lado”, dijo la chica de los dedos largos y delgados de nuevo irritada; “lo mismo le dije yo al principio, pero lo cierto es que las personas creen saber lo que quieren hasta que lo tienen enfrente y se dan cuenta de que no es suficiente. O sea, ¿Por qué crees que tu amiga ha tenido tantas malas relaciones que han durado más de lo debido?”. Ella se quedo callada. Después, ella tuvo ganas de besarlo y lo hizo, tuvo ganas de sentir sus manos sobre sus glúteos y lo hizo; él tuvo ganas de pasar sus dedos entre su ondulada melena negra en la que asomaban una canas prematuras (a los veintinueve lo son), al igual que a una chica que conoció alguna vez el autor del presente texto, y lo hizo. Era lo que ambos les gustaban de ellos, que sus ganas estuvieran sincronizadas. 2. Apenas la puerta se abrió ella se coló dentro del departamento como a hurtadillas y busco abrazarlo pero él la esquivo. No insistió con el abrazo, tampoco se puso a la defensiva pero sabía que algo había cambiado, no para bien o para mal. Él le indico con la mano una silla del desayunador; ella obedeció, se sento y se reacomodo el cabello ligeramente entrecano como quien se prepara para alguna actividad física y no tiene una liga para recogerlo. Él se sentó frente a ella y la miro unos segundos alargando el silencio y haciéndolo un poco incomodo; era difícil precisar su estado de ánimo, podía estar molesto o triste o no sentir nada en absoluto. “Le contaste a Fernanda lo que explícitamente te dije que no le contaras”, no había una pizca del acostumbrado sarcasmo; “lo siento, pero estaba muy triste, lloraba por otra conjetura suya y me partió el corazón verla así. La quiero como a una hermana”, ella también estaba seria, aunque podía adivinarse un mezcla de pena y orgullo en su voz; “te dije que no te metieras, que no era cosa nuestra”, sonó molesto, muy molesto; “¡no la iba a dejar sufrir por algo que no ocurrió!”, se excuso ella. “¿Hace cuanto no hablas con ella?”; “como una semana, tal vez menos”; “yo acabo de hablar con Fabián; fue a recoger a tu “hermana” a un motel de mala muerte y la encontró con un ojo morado y los labios reventados…”, parecía que iba a decir algo mas; “no es mi culpa”, dijo ella mirando hacia el piso, “ella…”; “¿está mal?”; se escucho un sollozo a manera de concordancia; “dejo a Fabián y se fue con el primer tipo que la invito a salir”; otro sollozo que quizás quería decir “no digas mas” o “déjame en paz”; los ojos verdes la miraron como queriendo decir “te dije que no te metieras” o “lo siento”, entonces él tuvo ganas de tomarle la mano, como para dar por aprendida la lección, y lo hizo. Ella acepto la mano a manera de tregua; luego se levantaron casi al unisonó y se abrazaron. Ella tuvo ganas de conducirlo a la habitación y lo intento, pero él no quiso. “No tengo ganas”, sonaba cansado, “tal vez otro día… sigo molesto”; ella no insistió, le dio un beso en la frente y se marcho.


Clementino Diogenes

Ciudad de México, 2016