lunes, 13 de abril de 2020

Editorial

Volvimos

Ahora sí, después de dos años de ausencia regresamos, no sabemos si para quedarnos, la verdad es que no teníamos tiempo para escribir, pero desde que llegó la pandemia y estamos recluidos en casa haciendo “home office” como que nos rinde más el día y se nos acabaron los pretextos.
No queremos romantizar la cuarentena, pero sinceramente disfrutamos romper la rutina de la única forma creativa que sabemos. Claro, el encierro tiene su lado negativo, la gente puede enloquecer, caer en el vicio, el aburrimiento la liviandad y la desesperación, nosotros, que no hacemos yoga, pilates o pintamos cuadros, optamos por escribir y sugerirles escribir un cuento. Acorde con los valores fundacionales de este H.H. foro entendemos que hoy más que nunca todos tenemos la necesidad de decir o exponer algo para alejarnos de las estadísticas y no ser un número más en el conteo diario de enfermos o sanos.
¿Qué piensan de la pandemia?, ¿qué les inquieta, cuáles son sus inquietudes?,¿creen que vivimos en una distopía de George Orwell?, ¿todo es una conspiración de George Soros y los Illuminati?, ¿están a favor o en contra de los tapabocas?, ¿de qué cosas se han enfermado?, ¿le tienen más miedo al coronavirus, a la crisis económica, al  Peje, a los multimillonarios, a los chinos o a Donald Trump?, ¿qué hacen para matar el tiempo?
Si ya acabo la serie que lo tenía atrapado, si ya está en la fase de adaptación, o si necesita un pretexto para que le den 30 minutos de respiro, anímese y escriba un cuento de lo que quiera y sienta, Desencuentros se sube al tren del mame y le otorga este espacio para leerlo y darle quizá su última voz, no la desaproveche.
Abril de 2020

sábado, 11 de abril de 2020

La familia no te olvida

#CadáverExquisito

La vida se me escapa como el agua entre los dedos. El frío conquista mi piel, la tiñe de blanco verdoso, los espasmos finales del cerebro me revelan la futilidad de la vida y el amor, y se apaga con este amargo pensamiento: la cagué. La familia es sagrada, pero ¿quién respeta algo en estos tiempos? el mundo colapsó. 


Llegaron a mi escondite el sábado. “Perdón por traerlos, pero mi mamá se está muriendo”, y yo no pude hablar, ni moverme, ni  puedo molestarme con Esmeralda, ese par de muslos siempre le dan absolución automática. Crecimos muy juntos, nuestros juegos perdieron la inocencia poco a poco. Fue mi único amor, la sigo amando y creo que ella a mí también, a su manera. Pero las prioridades cambian. 

Cuando dejó de haber suficiente comida para las dos familias nuestros padres se comenzaron a odiar, hasta que quedaba una lata de frijoles y un garrafón de agua para todos, quién sabe para cuánto tiempo. Nos escapamos con todo, y mi papá nunca me dijo que había pasado con Esmerada y mis tíos. 

La descubrí buscando qué comer, estaba lamiendo unas latas de atún que yo había dejado por descuido demasiado cerca de mi escondite. Lo reconozco, mi primer impulso al ver la silueta de mujer inclinada sobre las sobras fue lanzarme sobre de ella para arrancarle la ropa, pero nos vimos a los ojos y nos reconocimos. En ese momento me sentí miserable, culpable por verla en esas condiciones en medio de mi buena racha –así le digo a encontrarme un escondite y dos latas de atún. La traición de mis padres a ellos siempre me hizo sentir decepción, tristeza, coraje, el inicio de mi transición a la oscuridad perpetua. 

Solo le dije ¿Esmeralda? Y nos abrazamos y lloramos y pasamos dos días en mi escondite. Ni si quiera hablamos solo compartimos la comida y el cuerpo durante dos días y al tercero desperté amarrado de pies y manos. Mi tío y un hombre que no conocía me dieron de martillazos. 

Me hubiera gustado haber probado una última vez el sabor de sus labios y recorrer los pliegues de su cuerpo con la yema de mis dedos, con la lengua solo para recordar la única época en que fui feliz antes de toda esta espiral en la que me envolví... pero la vida se me escapa como el agua entre los dedos cuando metes la mano a un río. 




Elvis Castillo y Romeo Valentín
México, abril de 2020

Se nos acabaron las excusas y se nos acabaron los pretextos



Se nos acabaron las excusas para no ver, para voltear hacia otro lado. 

El mecanismo del mundo se ha detenido, exponiendo lo que la velocidad y el movimiento ocultaban, difuminaban. Las grietas estaban ahí, y no pocos habían reparado en ellas. Pero muchos más habían decidido ignorarlas, negarlas. Ya las repararán los que vienen, los del futuro. 

Se nos acabaron los pretextos para justificar, para defender lo indefendible. 

Hoy la desigualdad reluce, brilla sin que podamos negarla. Hoy vale más un cartón de huevos que un café a sobreprecio. Y no es que no fuera así antes, sólo que se nos había olvidado. 

Salen comunicados de gente innecesariamente rica suplicando por ayuda, mientras los que nunca han tenido quien les ayude, se arman de valor, listos para enfrentar la vida una vez más. 

Se nos acabaron las excusas no escribir, para no reflexionar. 

Un ser microscópico, si es que podemos llamarle ser (exquisiteces de la biología) ha puesto en jaque a quienes se decían invencibles, a quienes se decían fuertes. 

Peleamos contra un fantasma, contra el viento que se nos escapa de entre las manos. 

Se nos acabaron los pretextos para olvidar, para borrar el pasado. 

O al menos eso decimos hoy, a cinco meses que inició esta historia, allá lejos, en una ciudad de la que no sabíamos nada de este lado del Pacífico y que de pronto saltó a los titulares en todos los idiomas. 

Pero las catástrofes y desgracias, como la que nosotros vivimos en el 2017, pareciera que se terminan olvidando, se terminan borrando. Una vez que la rueda comienza a girar, los colores se mezclan y se pierden una vez más. 

Pero es que hoy, hoy, hoy, es el mundo entero. Menos de 10 países se han salvado y, no obstante, también están experimentando las consecuencias. 

Se nos acabaron las excusas para negar lo innegable, para admitir lo inadmisible. 

Marc Augé dijo, hace tiempo, que habíamos llegado al fin de la prehistoria de la humanidad y que era tiempo de la Historia de la humanidad. De la humanidad como un todo, como raza planetaria. Se acabó la historia fragmentada, es hora de la Historia total. 

Tal vez, ese día llegó hoy. Empezó en diciembre del 2019, pero, como las lluvias que se convierten en inundaciones, nos dimos cuenta hasta que el agua nos llegaba ya hasta los tobillos. 

Ese día fue el día en que inició La Historia. 

Se nos acabaron los pretextos para no hacer cambios, para conservar la inmovilidad. 

Tal vez, hoy, hoy, hoy, el día que inició la Historia, no sea el día que inicie la gran Revolución. Tal vez aún falta tiempo. Pero, hoy, hoy, hoy, ha empezado a llover. 

Hoy, se nos acabaron las excusas y los pretextos. 

Ahora sólo falta esperar la inundación. 



Fernando “Viento del Norte” Sanchez. 

11 de abril de 2020. CDMX

miércoles, 8 de abril de 2020

Un día se darán cuenta

Tenía hambre y entonces mi papá mató a todos los siervos del bosque, los cortó en pedazos y los metió en esas bolsas verdes de tela que se comenzaron a comercializar cuando fue prohibido el plástico. Mi papá casi no sonreía, pero lo hacía mientras arrastrábamos esas bolsas pesadas y sanguinolentas de camino al pueblo. En defensa de mi padre debo decir que jamás observó los asuntos del mundo con autentico interés, por eso la pandemia no le preocupaba en absoluto. El sufrió dos pérdidas terribles: la de mi madre y la de mi hermano. Mi madre se le murió en los brazos en un accidente automovilístico, mi hermano tiene un paradero indefinido, desde que mi madre murió él se entregó al vicio y hace un buen tiempo que no sabíamos de él. El salario de mi papá era bastante castigado, a nosotros no nos alcanzaba el dinero para hacer compras de pánico en los supermercados, además, ya nada podía causarnos miedo. Mientras sonreía me advirtió que no debía temerle a la enfermedad que estaba matando a las personas en todo el mundo, debíamos estar atentos a la conducta de las personas mientras hubiese crisis, porque eso era más peligroso. Entrando al pueblo un mujer corrió hacia mí y me gritó “tu padre es un asesino y tú eres un asesino también”. “Mi salario es muy bajo, señora”, le explicó mi padre. “Maté los siervos para alimentar a mi pequeño”. Durante todo el camino las personas nos señalaban y murmuraban que éramos unos asesinos porque en aquel tiempo casi todo el mundo defendía los derechos de los animales, algunos hasta escupían el suelo sobre el que caminábamos, otros sentían pena. Yo llevaba arrastrando una bolsa de siervos mutilados y el asco del mundo caía sobre mí como un fuerte aguacero. 
Llegamos a casa y mi padre apiló los siervos desmembrados sobre una manta, yo me puse triste al ver sus pequeñas orejas ensangrentadas, su pelaje, sus hocicos, sus ojos sin vida. Un hombre no debería de matar a un animal, pero ahí estábamos desollándolos. Mi padre comenzó a salarlos y yo preparé el fuego, echamos dos. Recé por ellos y pedí también por mí mismo y por todos ustedes. Mi padre aún no se sentaba a comer cuando una turba irrumpió en nuestra casa “¡asesinos, asesinos!” gritaban mientras el polvo se levantaba como una especie de lluvia ingrávida y sometían a mi padre. Una de las familias más ricas del pueblo reclamaba a sus siervos, nunca sentí mayor temor después de presenciar el linchamiento de mi padre. 
Él nunca le contó a nadie sobre el accidente automovilístico que mató a mi madre, los vecinos nunca supieron porque no le sonreía ni a los niños que jugaban conmigo en la calle, ellos nunca supieron porque mi papá deambulaba durante las madrugadas sin usar ropa deportiva en las veredas solitarias, ellos no sabían porque caminaba encorvado, ellos nunca se enteraron de porque mi papá solo se fumaba medio cigarro antes de un llanto irreparable, en el barrio le temían sin razón, sin darse cuenta de que sólo estaba triste, hasta que después de su linchamiento se lo conté a una vecinas, la que cuidó de mi un tiempo, desde que el secreto se reveló la gente del pueblo me saluda con muecas ensayadas de aceptación. Me molesta, porque él era un hombre noble, hubiese preferido que lo matara injustamente la pandemia y no la sociedad ansiosa de castigar. Yo tenía la esperanza de que él un día dejara de estar triste y que entonces todos se dieran cuenta.


Jonathan Vázquez Morales
Ciudad de México, abril de 2020


miércoles, 6 de junio de 2018

Editorial





El fracaso


Todos lo hemos padecido, en mayor o menor medida, todos reconocemos que en varios planes de vida las cosas no han salido como esperábamos, que la ruta que habíamos trazado para ser felices y adinerados se truncó y se rompió por el hilo más delgado: nosotros. Vienen entonces las reflexiones positivas: “Si te caes 7 veces levántate 8”, “El fracaso es la oportunidad de reinventarte”, etcétera, lugares comunes de aquellos que ven en los descalabros los escapes a su realidad. En Desencuentros nos consideramos expertos en el fracaso, consideramos tener un vasto currículum de reveses que al menos nos dan para escribir una historia, sin moraleja o sin enseñanza, por la pura catarsis. 
Nuestro propósito para 2018 es llegar a ser el mejor blog de toda la Internet, también lo fue en 2017, justo en la recta final  se nos chingó la rodilla y nos refugiamos en la bebida,  pero hemos vuelto del fondo del abismo, su colaboración, querido lector,  es indispensable para no volver a fracasar.

lunes, 4 de junio de 2018

Tributos particulares

(SEGUNDA PARTE)


-¿Así de mal está la situación?- dijo Patricia cuando se percató de las botellas regadas en el piso del cuarto de Clementino.
Clementino asintió sin prestarle mucha importancia al comentario. Colocó las bolsas del supermercado en el piso, en una parte libre de otras botellas, se quitó el suéter; extrajo una caguama de una de las bolsas, busco el destapador, lo encontró, le dio uso y un vapor frio escapó de la botella. Tomo un vaso, lo lleno, cuidando que no se produjera mucha espuma, y lo ofreció a Patricia. Clementino comenzó a beber directo del envase. “solo tengo un vaso”, dijo a manera de disculpa; Patricia encogió los brazos, como para expresar su conformidad.
En las bocinas del minicomponente comenzó a escucharse Whiskey River. Clementino fue a sentarse en el piso a un lado del sofá-cama recargándose en la pared.
-¿Cómo se encuentra Alex?- Clementino pregunto más por cordialidad que por interés.
-Lo mismo de siempre, ya sabes: a veces no nos toleramos, hay días buenos, los hay malos… a veces quiero reventarle la cabeza con lo que sea que tenga a la mano y hay días en que no quiero despegarme de él, eso pasa, sobre todo, los domingos, cuando amanecemos abrazados y me hace sentir protegida.
-¿Cómo es eso? ¿Cómo puedes amar y odiar a la misma persona según el día de la semana?- pregunto Clementino intrigado.
-No lo sé, supongo que es parte del paquete. No todos los días pueden ser soleados, tiene que haber de todo, sin embargo, al final del día, cuando se nos pasan las ganas de destrozarnos, recuerdas porque estás con esa persona- Patricia sonó convencida de sus palabras, pero algo le hizo pensar a Clementino que no lo estaba tanto.
-No lo sé, parece triste…
-Lo es, pero, a la par, no lo es. Creo que es la parte que no te dicen, que el amor esta lleno de zonas grises, victorias a medias, sabores agridulces, etcétera.
-¿Cuál es la razón que recuerdas al final del día para estar con Alex?
El vaso de Patricia tenía la mitad de cerveza, lo bebió de un trago tras la pregunta de su interlocutor. Inmediatamente, pidió a Clementino que lo rellenara; éste, estaba por levantarse para servirlo cuando Patricia lo interrumpió “quédate sentado, voy para allá”. Se levantó de la silla y fue a sentarse a lado de Clementino, quien le ofreció la cerveza tamaño familiar; ella tomo el envase por encima de la mano de él, como dirigiendo la operación; lentamente comenzó a empinar la botella sobre el borde del vaso de cristal que sostenía en la otra mano hasta que el líquido llego al punto de casi derramarse.
Patricia bebió dos tragos y coloco el vaso sobre sus piernas extendidas; luego, como si estuviera cansada o aburrida, recargo la cabeza sobre el hombro de Clementino y restregó suavemente su rostro sobre su brazo, como un cachorrito que busca cariño. Para Clementino era más sencillo advertir las señales con algo de alcohol en sus manos, así que levanto el brazo y rodeo la espalda de Patricia con él. Ella levanto el rostro y lo miro fijamente, como esperando una invitación; él agacho un poco la cabeza para sincronizar las miradas; entonces ella lo beso, fue un beso largo y profundo, con premura. Un beso honesto.
Patricia soltó el vaso para tomar con ambas manos el rostro de Clementino; la cerveza se le regó por encima del vestido y lo traspaso hasta llegar a las medias. La mujer se exalto debido a la frialdad e interrumpió el beso, levanto el vestido hasta quitárselo y se puso de pie para quitarse las medias de licra, “¿tienes papel?”, pregunto; Clementino la miro, solamente vistiendo las bragas y el sostén, negros ambos, entonces respondió, “no lo necesitas. Ven.”. Patricia se acercó un poco, el hombre se arrodillo frente a ella y comenzó a lamer el líquido de los muslos; al principio, ella se sintió incomoda, pero al poco rato comenzó a disfrutarlo.
La lengua de Clementino pronto rumbo al norte de la anatomía de Patricia y se detuvo en el pubis, cubierto aún por la tela de algodón; rodeo con sus manos el trasero de la mujer y lo apretó y masajeo hasta que se encontró con el borde de la prenda, lo tomo con todos sus dedos y lo bajo hasta la altura de los tobillos. Entonces, Clementino arremetió con la nariz contra la vulva y comenzó a olfatearla, como un sabueso antinarcóticos. Sentía los vellos rasguñándole el rostro, pero lejos de desistir, Clementino abrió la boca y extendió la lengua lo más que pudo. Patricia, que para ese momento soltaba gemidos cortos, separo ligeramente las piernas, a manera de bienvenida.


-Creo que nunca me lo habías hecho así- Patricia sonó algo sorprendida, mientras se reacomodaba sobre el sofá-cama y buscaba una cobija con la cual cubrir los cuerpos desnudos de ambos del aire que se colaba por la puerta abierta.
-¿Qué?- Clementino no sabía a qué se refería.
-Esta noche me has hecho el amor, generalmente contigo es, o sexo divertido o rudo. Hoy ha sido más que eso. No sé si debiera preocuparme o celebrarlo.
-¿De que depende?
-De si estabas conmigo o si pensabas en tu ex mientras lo hacías…
-Sabes que te quiero, pero no de esa forma. Lo siento.
-Entonces me preocupare- dijo ella con evidente decepción.
-¡No lo hagas!
-¿Por qué no debería hacerlo?
-Porque eres la única mujer en la que confió y quizás eso es más valioso.
-¿Qué tienes tú con todo ese tema de la confianza?
-Así me educaron.
-No entiendo…
-Mi anciano papi no me dejaba tener amigos cuando era niño, decía que no debía confiar en nadie.
-Eso es perturbador.
-Lo es, también decía que, en el dado caso de que tuviera un amigo, no debía dejarlo entrar a mi casa.
-Bueno, quizás lo dijera por que algún culero le hizo alguna mala jugada…
-Ese es el punto, últimamente, creo que el culero era él.
Patricia soltó una risotada.
-Ahora entiendo porque estás tan jodido- dijo ella- pero esa no es manera de hablar de los difuntos.
-Sabes que lo quiero, a pesar de todo; pero la muerte, no borra los actos cometidos en vida.
-¡Eso que ni qué!- dijo Patricia confusa- ¿Podemos brindar por tu anciano papi?- agrego tímidamente.
Clementino se levantó del sofá-cama, levanto el vaso de cristal del suelo, lo lleno de cerveza, se lo extendió a Patricia. Entonces, Clementino choco el envase con el vaso que sostenía ella y dieron un trago largo.
-¿Te digo algo sin que te molestes?
Clementino asintió, con el ánimo de quien sabe que lo que le digan lo va a encabronar.
-Creo que, si juegas bien tus cartas, puedes seguir acostándote con tu ex- dijo ella, como alguien que acaba de descubrir el hilo negro.
Clementino, como lo intuyó, se encabrono, pero no dijo nada, solo hizo una mueca de hartazgo.
Patricia, al ver su reacción, reanudo la conversación.
-¿Por qué no lo intentamos nosotros?
-¿A que te refieres?- pregunto Clementino fingiendo no saber a lo que se refería.
-Tu y yo, algo serio.
-Solo si estas dispuesta a que deje de confiar en ti…
-¿Por qué habría de ser así?
-Bueno, en primera, no quisiera que me reventaras la cabeza con nada…-Patricia interrumpió a Clementino con una risotada, luego él continuo- hablando en serio, jamás podría volver a confiar en ti porque siempre estaría esperando el putazo; o sea, esperando a que llegase alguien más a ofrecerte algo que no puedo darte. ¿Sabes a que me refiero, no?
-Lo entiendo. ¿Puedo preguntar algo mas?
-Pregunta.
-¿Qué tiene ella… qué tiene ella que no tenga yo? ¿Qué es lo que hace que estés así, tan desolado?
-No lo sé, para ser honesto. Si debo hacer una hipótesis, diré que es como el tesoro escondido, es decir, si tú la vez caminando por la calle, quizás no te llame tanto la atención, pero si la miras con detención es hermosa, aunque no sé hasta qué punto su belleza coincida con los cánones socialmente aceptados actualmente. No espera que uno pague las entradas al cine y las palomitas, ni quiere ser la damisela en peligro, es autónoma, pero no puedo decirte el resto, porque eso me lo reservo para mis adentros.
-Entiendo…- dijo, aunque Patricia, realmente, no entendía- ahora, bésame de nuevo, como hace rato.
Clementino lo hizo y la faena volvió a comenzar.

>(continuará)


Elvis Castillo
Cuauhtémoc, Ciudad de México 2018


miércoles, 30 de mayo de 2018

Gatos mamones, perros violentos

Pedro se declaraba neutral en la guerra entre perros y gatos, lo dejaba claro desde el principio. No quería entrar en controversia con los vecinos por tonterías, menos a unos días de haber llegado, le importaba ser discreto dar una buena primera impresión, llevarse moderadamente bien sin llegar a ser el mejor amigo de todos, y sobre todo no dar pie a que se corrieran rumores de él. Sin embargo el tema estaba de moda y tenía que tomar una postura. 

En todas las ciudades del mundo civilizado la preferencia por los gatos crecía mientras que la imagen de los perros vivía su peor momento en la historia: el bozal y la correa eran obligatorios, los países nórdicos - que son los más avanzados del mundo- habían implementado con éxito un impuesto canino que otros países, principalmente los subdesarrollados, tenían urgencia por copiar.

-Los perros son violentos y cochinos -decían los del frente pro felinos- son un peligro para los gatos, los niños pequeños, y un foco de infección, igual que sus dueños.

-Todo esto es muy injusto - alegaban los amantes de los perros- los animales no tienen la culpa de su instinto, los accidentes pasan, nosotros no tenemos nada contra los gatos ni contra cualquier otro animal pero, sus dueños son insoportables.

-Sí, es un asunto delicado. Yo por eso no tengo mascotas - respondía Pedro para finalizar la cantaleta de ambos bandos.

Los vecinos se excusaban diciendo "no te creas, yo tampoco me lo tomo tan en serio" o "solo tengo dos gatos", pero coincidían en que el vecino del 8 era por mucho el más radical, un ermitaño al que afortunadamente veían poco, había que andarse con cuidado al hablar con él del asunto, pues se negaba incluso a castrar a sus gatos. Se le calculaban cinco bastante cabrones, sin freno, que actuaban en pandilla, todo el edificio era su territorio. Se colaban a los departamentos para robar comida, sacaban la basura de los botes, bajaban la ropa de los tendederos, se orinaban en los pasillos, sometían a los otros gatos y molestaban a los perros encadenados. No tardaron mucho en colarse al departamento de Pedro.

Fue de madrugada, Pedro escuchó ruidos en la cocina y salió sigiloso del cuarto. La luz del refrigerador abierto iluminaba a la pandilla que devoraba en el suelo el queso y el jamón. ¿Cómo le hicieron para abrir el refrigerador y luego la jamonera? Pedro no pudo más que sentir respeto y admiración por la inteligencia de esas criaturas y los dejó terminar de comer antes de que encendiera la luz. Los espantó con una escoba fingiendo enojo y los gatos huyeron por la ventana abierta. Él recordaba haberla dejado cerrada.

La admiración por la pandillita de gatos se volvió coraje la tercera vez que entraron, Pedro no los vio porque fue por la tarde, cuando estaba "trabajando", pero al llegar la casa era un desmadre, los gatos se comieron hasta las verduras y se cagaron en la alfombra de la sala. Tenía que ponerles un alto.

- A mi no me venga con chismes, conozco bien a mis gatos, son traviesos pero muy limpios solo cagan en el arenero. Seguro fueron otros, ahora ya todo mundo tiene gatos sin tomarse la molestia de educarlos- dijo el vecino del 8, asomando solo la mitad del cuerpo por la puerta entreabierta, como queriendo impedir que Pedro viera el interior . 

- Conozco a sus gatos, no es la primera vez que se meten a mi departamento.

- Le repito, ¿cómo sabe que son los míos?, me molesta mucho que la gente venga a levantarle falsos a mis gatos solo porque son un poco juguetones.

- Mire, yo no tengo nada contra los gatos, contra ningún animal solo le estoy pidiendo que..

- ¡Ahh! ya salió el peine- interrumpió el vecino del 8.

-¿A qué se refiere?

- Es usted uno de esos estúpidos amantes de los perros.

- ¿Qué?, yo ni siquiera tengo mascotas.


- Pues eso es lo que dicen esos idiotas "yo no tengo problema con ningún animal" y terminan azuzando a sus bestias para torturar inocentes gatitos. ¡Un estúpido y un sádico! eso es lo que es.

Sin mediar más palabras Pedro sujetó al vecino por el cuello de la playera mugrosa. Del interior de su pantalón sacó una pistola y se la puso en la cara.

-Se lo advierto, pedazo de pendejo, no sabe lo que soy capaz de hacerle si sus pinches gatos vuelven a entrar a mi casa.

Le dió un culatazo en la nariz y lo empujó. El sangrante vecino cayó de nalgas dentro del departamento, la puerta se abrió y Pedro pudo ver muchos gatos, eran muchos más de cinco escondiéndose debajo de los sillones y los cuartos.

Santo remedio, ningún gato se volvió a meter en el departamento de Pedro, el edificio entero se preguntaba qué habría pasado ¿Qué les habría hecho el nuevo vecino a los gatitos del 8 para que ya no les permitieran salir y el vecino decidiera castrarlos? Se corrieron rumores de que tal vez Pedro era zoofílico. ¿A qué se dedicará? Sabrá dios, decían, pero definitivamente dejaron de dirigirle la palabra, pues no se puede confiar en un hombre soltero que no sea capaz ni de tener una mascota.

Romeo Valentín Arellanes
Chimalhuacán, Estado de México
Mayo2018