lunes, 13 de junio de 2016

Editorial/EL PADRE

EL PADRE
Este mes en Desencuentros solo hay un Dios, solo uno es nuestro padre, y por supuesto es hombre, jamás una mujer, así lo aprendimos en el Hogar. Nuestro padre es el que manda en la casa, es el prototipo de la masculinidad, guardián de los valores de la familia que es el núcleo de la sociedad desde tiempo de los Romanos. Igual que el Estado y los Gobiernos el Padre ama a todos sus hijos por igual, igual que Dios provee, colma de regalos y dinero a quien obedece su ley, castiga a quien osa desobedecerlo, no duda en mostrar su ira, pero conoce la misericordia y la caridad y perdona a quien se arrepiente. Por eso en un giro sorpresivo y polémico, Desencuentros dedica al Padre este mes de las madres, para que la banda heteronormada se proyecte, se desahogue y nos cuente sus historias y traumas en torno al mandamás, el único, rey del patriarcado. Colaboren.

El Acuerdo

El domingo por la noche todo era tensión en el pueblo, se alargaba el conteo de los votos y todos esperábamos con ansia e incertidumbre que se colgara la manta con los resultados en la presidencia municipal. Por primera vez y en un ejercicio  democrático nunca visto, las candidaturas fueron para tres mujeres que por supuesto representaban las mismas corruptelas de siempre. Daban las dos de la mañana y comenzábamos a sospechar de alguna tranza, Gel ya había amenazado que se robaría las urnas porque no se había apoyado su proyecto y don Camerino estaba borracho y con pistola paseándose por el Kiosco. La gente de la mamarru, como cada año y con la fuerza que le daba tener una de las familias más grandes del pueblo resguardaba la presidencia y exigía que se respetaran los tiempos y las formas. Los demás como decía, esperábamos y comentábamos las incidencias de la jornada:
1.- No se había visto la camioneta con abuelitos que bajaba a votar religiosamente por el PRI y después a cobrar sus 500 pesos.
2.- Por primera vez (muchas primeras veces este año) el PRI participó dividido, los Arteaga por un lado, los de Tehuano por el otro, la candidata era más cercana al grupo de Tehuano que parecía, afianzaba su influencia.
3.- Las agencias que antes votaban en bloque, ahora votaron divididas y se dejaron convencer por las candidatas sin importar el partido que representaran.
4.- Las mamarrus voltearon bandera y no apoyaron a los Arteaga, se percibían vientos de cambio.
5.- La candidata de Nueva Alianza dio despensas chingonas y con un pomo de Tequila Viuda de Romero.
6.-Se vio a Tehuano por la mañana en la agencia de Buenavista platicando con el principal y sonriendo.
7.- Rosa Mata la candidata del PRI mató tres chivos y se esperaba que anunciara comida el lunes.
8.- Don Camerino ya estaba echando tiros en el kiosco y mentando madres.
Los vientos de cambio llegaron de manera anunciada pero rompiendo todos los pronósticos, a las 2:30 de la mañana se colgó la manta de resultados dándole al PRI una victoria más, Rosa Mata fue la elegida, fuera del poder el arteaguismo y su paternalismo charro, basado en los compadrazgos y en la compra de favores y voluntades.  Los jóvenes y las mamarrus brincamos de gusto, no aventamos el sombrero porque ya no eran las épocas ni las horas, don Camerino amagó con dispararle a Tehuano y los de Buenavista se fueron para la sierra satisfechos en el deber cumplido. Un análisis detallado de los resultados demostraba lo eficaz de la estrategia; por 83 votos había ganado el PRI (el mismo número de los serranos de Buenavista) la candidata de la izquierda quedó en un honroso segundo lugar tras arrastrar sus propias traiciones. Los Arteaga que apoyaron a la candidata de Nueva Alianza al ser desplazados del PRI, felicitaban institucionalmente a la ganadora, pero se les veía en los ojos que no soportaban el fracaso y la salida del poder.  Rosa Mata que ya tenía lista la barbacoa para ese lunes madrugador improvisó un  discurso donde resumió diez trienios de hombres en el poder: “Tecomavaca ha tenido puros padres, pero muy poca madre, hoy eso cambia para siempre, nunca más les dirán que tienen  poca, porque tienen y mucha”. Los cohetones tronaron en el cielo y la gente organizo una procesión improvisada, brindamos con mezcal y cervezas, alguien corrió a tocar las campanas de la iglesia y juntos como hermanos le dimos la bienvenida ingenuos a nuestra nueva vida.


 Raziel Jacobo Correa Alvarado
CDMX 2016

lunes, 9 de mayo de 2016

Editorial



La Traición

Cuidado, no importa si es su mejor amigo o amiga, su pareja, su padre, su madre, su hermano o su hijo, sangre de sangre, cualquiera puede darle una puñalada por la espalda, voltear bandera, bajarle a la novia, o quedarse con todas las ganancias de aquel negocio que iniciaron juntos. Pero no se haga el mártir porque usted tampoco es un santo y es perfectamente susceptible a traicionar los acuerdos y chingar la amistad, y es que no todas nuestras decisiones gozan del consenso y aprobación de los demás, quizás se arrepintió, quizá entendió que el camino que llevaba su relación no era el de su preferencia, quizás determinó que mejor no le entraba al negocio y quizás para usted eso fue lo más sensato, pero híjole se jodió la cosa y ya no se habla con esa persona. Y hay más, en derecho (esa disciplina que nadie entiende)  se considera traición a cualquier conducta desleal a la nación, o sea que si usted se manifiesta contra las políticas neoliberales, el aumento al IVA, o pone Chingue su Madre EPN en una pared,  está traicionando a su país.  
Visto así, la traición es una cosa muy fea que la gente no debe hacer, para Desencuentros, que a toda tesis le encontramos su antítesis,   no todo es malo, tal vez usted querido lector/escritor ya tiene determinado su destino hasta las últimas instancias y  tenía armado el plan de vida y nada se interponía en su camino ¿Qué pasaría si lo traicionan los sentimientos? ¿Qué pasaría si de pronto alguien/algo se interpone en ese plan y lo trastoca desde sus cimientos? ¿Y si se enamora de la vecina? Sintió bonito verdad, pues ande, comparta sus traiciones este mes,  que ya es quincena, en Desencuentros.
P.D. En Junio cumplimos 5 años de existencia, la Traición fue el primer tema que tratamos en el blog, lo recuperamos este mes como un ejercicio nostálgico y bonito de recordación. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Anónimos

No se amaban pero se atraían, llegaron a quererse pero sin necesitarse; se sabían reconocer como lo que eran mutuamente, formaban parte de la transición del otro, una viga de un puente que conducirá a otro camino, con suerte, mejor que el anterior o, simplemente, distinto. A ella le gustaban los ojos verdes de él, unos ojos sospechosamente semejantes a los del autor del presente texto; a él le agradaban las manos de la chica, de dedos largos y delgados, como toda ella, dedos de pianista desperdiciados en el teclado de una computadora detrás de una ventanilla. Se besaron como siempre lo hicieron durante el tiempo que estuvieron juntos: con convicción. Ellos besaban y tocaban sus cuerpos por el simple hecho de querer hacerlo, por el placer que les producía hacerlo. No buscaban la reciprocidad, que es una forma de buscar la aprobación del otro con quien se comparte la cama y a quien se le confía la desnudez y la intimidad. Aquella noche no fue particularmente especial, lo cual no quiere decir que haya sido rutinaria; lo suyo no duró lo suficiente para que sus encuentros alcanzaran tal estatus. En la habitación la única luz que se colaba era aquella de los autos al pasar, ella descansaba su cabeza en el pecho de él y le preocupaba los tumbos que sentía en la parte izquierda del rostro que estaba apoyada, “¿es normal que sigas agitado todavía?”, pregunto pausadamente sin despegarse; “eso espero”, le respondió él y sonrió sin mirarla. El pecho por fin retomo su ritmo natural; ella se incorporo sobre sus codos y lo miro como aletargada; ella se movía siempre con timidez, como esperando que después de cada movimiento, cada gesto, cada flexión, cada palabra pronunciada existiera una posibilidad latente de desastre. “Lo que no entiendo es cómo puedes ser amigo de alguien como Fabián. Se la pasa faltándole al respeto a Fernanda, es horrible”, dijo ella al fin. “Fabián es de las mejores personas que conozco”; ella respondió con una mirada confundida; “no me mires así. Es la verdad”; “¿Cómo puedes decir eso, que no sabes de todas las veces que le ha sido infiel? ¡¿O es que admiras su comportamiento?!”; “te equivocas en ambas cosas”, le dijo el muchacho y le recorrió la mejilla izquierda con la mano; “¿entonces?”, pregunto ella apaciguada pero curiosa; “no te lo puedo decir; además no es asunto nuestro”; “¿Cómo no va a ser asunto mío si es mi amiga y no quiero verla sufrir?”, dijo ella haciendo gala de esa capacidad de muchas mujeres de cambiar de estado de ánimo en un tris; “créeme que ella no puede estar con una mejor persona, de hecho, he llegado a pensar que Fabián se merece a alguien mejor”, eso ultimo lo dijo el muchacho con la intención de irritar. Ella lo supo al instante y, aun así, se dejo irritar. “Te lo contare, pero solo para que me dejes en paz, ¿vale?”, dijo el para terminar la discusión que nunca tuvo oportunidad de ganar; ella asintió con una sonrisa maliciosa de satisfacción, luego tomo el brazo de él y lo uso de almohada; “pero debes prometer que no le contaras a Fernanda”; ella asintió; “ bueno, es cierto que Fabián nunca ha engañado a Fernanda; pero cuando comenzaron a salir él se dio cuenta de que ella era el tipo de mujer que necesita de una relación tormentosa para estar bien… no me mires así, no tengo la culpa de que tu amiga este jodida”; “eso es absurdo”, dijo ella; “no tanto, ¿Cuántos hombre conoces que le mienten a sus parejas para convencerlas de que les son fieles?, Fabián hace lo mismo, solo que al revés; Fabián le dice que le ha sido infiel para que ella no lo bote… en realidad tampoco se lo dice, solo deja que Fernanda llegue a esas conclusiones por si sola”. “¿Por qué lo hace?”, pregunto ella como intentando entender; “para protegerla, por que la quiere. Prefiere que ella se tambalee un poco sobre su cuerda floja en lugar de dejarla caer realmente. Así, cuando Fernanda ha tenido su dosis de amargura necesaria le devuelve el equilibrio y siguen juntos como si nada hubiera pasado, por que en realidad nada paso”. “Es una tontería. Fernanda ha sufrido mucho con otros hombres y estoy segura de que ella seguiría con Fabián sin necesidad de ese complejo plan para mantenerla a su lado”, dijo la chica de los dedos largos y delgados de nuevo irritada; “lo mismo le dije yo al principio, pero lo cierto es que las personas creen saber lo que quieren hasta que lo tienen enfrente y se dan cuenta de que no es suficiente. O sea, ¿Por qué crees que tu amiga ha tenido tantas malas relaciones que han durado más de lo debido?”. Ella se quedo callada. Después, ella tuvo ganas de besarlo y lo hizo, tuvo ganas de sentir sus manos sobre sus glúteos y lo hizo; él tuvo ganas de pasar sus dedos entre su ondulada melena negra en la que asomaban una canas prematuras (a los veintinueve lo son), al igual que a una chica que conoció alguna vez el autor del presente texto, y lo hizo. Era lo que ambos les gustaban de ellos, que sus ganas estuvieran sincronizadas. 2. Apenas la puerta se abrió ella se coló dentro del departamento como a hurtadillas y busco abrazarlo pero él la esquivo. No insistió con el abrazo, tampoco se puso a la defensiva pero sabía que algo había cambiado, no para bien o para mal. Él le indico con la mano una silla del desayunador; ella obedeció, se sento y se reacomodo el cabello ligeramente entrecano como quien se prepara para alguna actividad física y no tiene una liga para recogerlo. Él se sentó frente a ella y la miro unos segundos alargando el silencio y haciéndolo un poco incomodo; era difícil precisar su estado de ánimo, podía estar molesto o triste o no sentir nada en absoluto. “Le contaste a Fernanda lo que explícitamente te dije que no le contaras”, no había una pizca del acostumbrado sarcasmo; “lo siento, pero estaba muy triste, lloraba por otra conjetura suya y me partió el corazón verla así. La quiero como a una hermana”, ella también estaba seria, aunque podía adivinarse un mezcla de pena y orgullo en su voz; “te dije que no te metieras, que no era cosa nuestra”, sonó molesto, muy molesto; “¡no la iba a dejar sufrir por algo que no ocurrió!”, se excuso ella. “¿Hace cuanto no hablas con ella?”; “como una semana, tal vez menos”; “yo acabo de hablar con Fabián; fue a recoger a tu “hermana” a un motel de mala muerte y la encontró con un ojo morado y los labios reventados…”, parecía que iba a decir algo mas; “no es mi culpa”, dijo ella mirando hacia el piso, “ella…”; “¿está mal?”; se escucho un sollozo a manera de concordancia; “dejo a Fabián y se fue con el primer tipo que la invito a salir”; otro sollozo que quizás quería decir “no digas mas” o “déjame en paz”; los ojos verdes la miraron como queriendo decir “te dije que no te metieras” o “lo siento”, entonces él tuvo ganas de tomarle la mano, como para dar por aprendida la lección, y lo hizo. Ella acepto la mano a manera de tregua; luego se levantaron casi al unisonó y se abrazaron. Ella tuvo ganas de conducirlo a la habitación y lo intento, pero él no quiso. “No tengo ganas”, sonaba cansado, “tal vez otro día… sigo molesto”; ella no insistió, le dio un beso en la frente y se marcho.


Clementino Diogenes

Ciudad de México, 2016




miércoles, 20 de abril de 2016

Pérdida

 
Ahí estaban parados un doctor, un político y un ingeniero. Los tres frente al cuerpo de una mujer sin vida. No paraba de llover afuera, las luces tenues del departamento le daban la apariencia de estar dormida, a pesar de ya no tener signos vitales. Dejó el mundo con una expresión de descanso, de ella sólo queda un cuerpo rígido que viste un blusón blanco de gasa en su sofá rojo, muy mullido.
 
El político encendió un cigarrillo, y el doctor apretó sus manos con fuerza, mientras no apartaba sus ojos de ella. El ingeniero estaba furioso, se veía en su mirada.
-No llegué… dijo el ingeniero bajando la cabeza.
-Nadie llegó a tiempo. Contestó el político. Nunca nadie supo llegar a tiempo.
-¿Y tú quién eres para decir quién estaba a tiempo y quién no? ¡Mírate! ¡Fumando no se resuelve nada! eras el que estaba más cerca, vivías en la misma ciudad que ella, yo no, nunca pude estar cerca, pocos momentos me unían a ella, en todos ellos ella me hacía brillar… y eso es más de lo que puedes decir.
 El político dio media vuelta, lo miró a los ojos, le ofreció uno de sus cigarrillos, el ingeniero lo tomó sin dejar de mirarlo con desdén.
-¿Más tranquilos no? No creo que ella tuviera pensado que nos conociéramos, sin darnos cuenta todos sabíamos de la existencia de todos nosotros en su vida, ella nos contaba, por tanto, tenemos sólo la versión de ella. No voy a juzgarlos, y no quiero que lo hagan conmigo. Ella era lo más hermoso que había conocido, me regresó la sonrisa y las ganas de hacer cosas inimaginables, y aquí entre nosotros, para mí esto es como un segundo abandono, hace no mucho ella me dijo adiós y ni me dejo entrar aquí.
El ingeniero se llevó las manos a la cara.
-Quiero llorar pero no puedo… a mí igual me dijo adiós antes de partir esta vez para siempre. Tenía bien planteado despedirse.
-… es… es hermosa. Muy guapa, parece dormida después de haberse quitado la vida. Yo… yo nunca estuve para ella, ni aunque yo era al que más esperaba, no lo digo por resaltarlo, ni verme superior, sólo que no puedo creer que ya no está. Tenía esperanza de regresar de mi viaje y hablar… sólo hablar, que me perdonará por dejarla sola tantas veces… ni allá pude olvidar el sonido de su risa… díganme que no está fría, díganme que los contrato, que los hizo venir para darme una lección… lo merezco, pero no me digan que no la voy a escuchar más… Dijo el doctor y se abrazó a ella con fuerza… Yo te soñé, yo te soñé ¡Yo te soñé! Querías que viniera a verte. Te soñé antes de bajarme del avión… vine después de mi vuelo a escucharte… y ahora tú, tú… el llanto ahogo su voz…
-¡Eres el rey de los imbéciles! si la hubieras dejado en paz cuando ella te dijo habría hecho su vida normal, no se habría deprimido así, eres el que menos puede decir aquí algo. Yo también soñé con ella, vine a trabajar unos días aquí y me pareció bueno verla… y me dices que no está. ¡Nadie planeo nada! Gritó el ingeniero más que furioso y empujó al doctor para quitarlo de encima del cuerpo.
Todo fue muy rápido….a continuación el doctor contestó el golpe al ingeniero, asestando en su barbilla, dejándolo caer sobre un escritorio lleno de libros y revistas pasadas, el ingeniero se estaba incorporado para rematar con un puñetazo, cuando el político se levantó con fuerza de la silla y saco un revolver de su blazer.
-¡O se calman o ahorita mismo los mando a la chingada! ¡Más respeto por favor! ¡Nadie está aquí para pensar quién fue mejor o más importante en su vida!
Bajaron las manos y se sentaron, el doctor lloraba en silencio, y el ingeniero seguía en una negación profunda irascible e impredecible.  
 -Yo también la soñé, después de tanto la vi en mi sueño, se veía hermosa… me invitaba a pasar a su casa, preparaba té, me hacía reír como nadie y traía una blusa que le dejaba ver todo, me encanta recordarla… me sentí inspirado toda la semana, y la volví a soñar más veces… al final decidí venir después de soñar con ella diario… se aparecía en todos mis sueños, pensé que me volvía loco… apesadumbrado volteó y con la voz entre cortada dijo… nadie podía salvarla, nadie aquí es el hombre que ella necesitaba.
De repente del cuerpo de ella comenzaron a brotar grandes y robustas enramadas que los abrazaron a los tres, con fuerza y con cariño apretó cada uno de sus músculos contra las espinas que brotaban de las fuertes lianas que ahora los tenían atados, inmovilizados el dolor los iba a hacer gritar, pero el miedo y la impresión podían más. Esto no es lo que ellos habían soñado. Ellos no estuvieron presentes en el final de su vida humana, pero ella estaría presente devorándose la de un doctor, un político y un ingeniero.


Viridiana Santana
Ciudad de México, 2016


lunes, 18 de abril de 2016

Nos traicionó la Ropa

María y yo ensayábamos por cuarta vez el amor, libres de prejuicios y con la conciencia tranquila de quien emprende una aventura más,  era nuestro afán de intentarlo y nuestras ganas de estar juntos lo que nos impulsaba, dicen que la tercera es la vencida, en este caso y por cuestiones de logística (teníamos la casa sola) tendría que ser a la cuarta. Se nos pasaron las copas, ese eufemismo tan nuestro para no decir  que nos caíamos de borrachos, pero es que sólo así se nos quitaban los miedos y la vergüenza de vernos desnudos (aunque me choca quitarme las calcetas) y comprobar que somos bellos en nuestra imperfección. Debo reconocer que a María la voy conociendo de a poco,  a cada intento conquisto una isla más de su anatomía, la primera vez los labios, la segunda las nalgas, la tercera los senos, espacios y lugares que  gracias a su infinito cariño son conquistas progresivas e irreversibles,  en esta ocasión combinaba besos con caricias intercaladas a los lugares mencionados  y esperaba por fin declararme el vencedor de la lucha y dejar mi marca y bandera como legítimo vencedor de la batalla.  Ascendimos desde las múltiples capas de embotamiento, ensayando nuevos besos y nuevas caricias a nuestras muy definidas dimensiones, uno debe recurrir a la creatividad cuando el cuerpo es una zona perfectamente delimitada, un terreno minado donde un paso en falso puede significar la muerte de la magia y el deseo. María parecía dispuesta, por primera vez me dejó llevar su mano a mi pecho y a la parte baja del ombligo, respiraba fuerte y los labios rojos me decían que nuestras libidos se encontraban en perfecta comunión, cuando me disponía a dar la estocada final y aventurar el lance heroico que culminaría con nuestro deseo  ella soltó la bomba.
-Hazme el amor. Estoy peda.
-Yo también ¿estas segura?
-Sí, no me voy a arrepentir y no lo voy a olvidar
- Yo tampoco.
-Apúrale, no quiero que me piquen los zancudos la espalda.
-Voy, es que no sé dónde está el broche de tu brassiere
-Mmmmju, te ayudo. Me dijo mientras se quitaba la blusa rápidamente y me apuraba a lo mismo.
-Quítate la camisa.
-Voy, es que no veo ¿prendemos la luz?
-No, no quiero que me veas, estoy gorda.

Cabe mencionar que nuestro diálogo se dio entre varios intentos de hacernos entender, la borrachera nos impedía articular las palabras de manera adecuada, esta versión es lo que pude sacar en limpio noches después, con la mente clara y las ideas frescas. Ella me recriminó.
-Cómo serás pendejo, ni un brassiere sabes quitar.
-No es eso, es que este está raro.
-¿Te quito el pantalón?
-Sí, no veo nada.
-No puedo, traes cinturón, ahh olvídalo.
-Espérate.
-No, se chingó.

No pudimos, no supimos quitarnos la ropa ni los miedos, si, toque partes de su cuerpo que no había tocado antes y descubrí que quizás estaba perdidamente enamorado de María, pero el objetivo principal se había esfumado. Nos miramos tiernamente a los ojos (como para decirnos un no te preocupes, habrá más chances) y nos abrazamos para dormir juntos, no nos quedaba otra. Mientras yo reflexionaba sobre mi estupidez y falta de pericia, María comenzó a resoplar pausada y plácidamente, dormía el sueño de los inocentes. Y fue ahí, justo en ese momento lleno de cavilaciones y dudas donde tuve la epifanía que me hizo falta minutos antes, la gran revelación que hubiera llevado a buen puerto la nave y que me tendría para ese momento roncando en los estertores del deber cumplido: el brassiere se desabrochaba por adelante.

Raziel Jacobo Correa Alvarado 
Un martes de abril en CDMX 2016

jueves, 14 de abril de 2016

Casa chica

Martha era insoportable "esos días" amargaba el ambiente de la casa, se podía respirar el peligro al simplemente abrir la puerta, el aire tenía filo como de navaja de peluquero, cualquier fino movimiento, un estornudo, el rechinar de las suelas de mis zapatos, masticar un poco duro la comida, o el ruido de las gotitas de pipí cayendo en la taza porque la puerta de baño quedara entreabierta, bastaban para desatar a Las Furias y despertar el agresivo animal interno de Martha. Mi casa no era mi casa "esos días", estaba lejos de ser el refugio y la fresca sombra que todo hombre necesita para descansar del trabajo y en general del mundo. Comencé a refugiarme en los bares "esos días" y después cada vez con más frecuencia en el departamento de Yadira.
Yadira tenía otro tipo de animal al que me gustó despertar, su departamento calientito y bien equipado era un gran refugio provisional durante "esos días", no había reglas en su cama, no había mal humor, había alimento suficiente y muchas ganas, mucha disposición de su parte. Podía estar ahí un par de noches al mes sin en realidad dar una buena excusa a Martha, quien parecía más tranquila sin mí "esos días" y no me preguntaba si en realidad estaba yo donde decía. Pero uno de "esos días" encontré a Yadira de mal humor, había dejado de tomarse las pastillas y el ciclo se le alteró. Yadira fue peor que Martha ese día. Comenzó a hablarme de estabilidad y de planes para el futuro y para la vida. Ya no le bastaba verme solamente "esos días". En el fondo pensé que lo decía por estar en “esos días” pero intenté darle gusto, ajustarme a su calendario y ella fue feliz un par de meses. El problema fue que Martha fuera de "esos días" se comportaba como una mujer normal, mostraba sus sentimientos, asumía el papel que le correspondía, me quería solo para ella y le importa mi paradero. Me confrontaba y se ponía de mal humor como si estuviera en "esos días", quería revisar mi teléfono, lloraba y eso era algo que yo tampoco quería, así que no pude cumplirle a Yadira y terminé por verla sólo cuando se podía, inventando cada vez pretextos más tontos a las dos. Seguimos juntos pero mi vida fue una pesadilla, ambas se intuían e intentaban comunicarse a través de mí, me sentía como un objeto en disputa, ambas me arañaban y mordían para marcar mi cuerpo, me escondían su ropa íntima en el saco, solo faltaba que, perdonen la expresión, me orinaran como animales para marcar su territorio, la tregua llegaba únicamente "esos días" en que las dos parecían estar más a gusto sin mi mientras yo me refugiaba solitario en el bar. No me gustaba la situación. Traté de convencer a Yadira de que se volviera a tomar las pastillas y que todo fuera como antes. Me preguntó si yo era casado. Su comentario me causó agruras y una risa burlona. A partir de entonces Yadira se radicalizó y se volvió especialmente insistente, le llegué a contar hasta 50 llamadas en un día. O le pones un alto a esto o nos divorciamos, dijo Martha y al día siguiente se largó temporalmente a casa de sus padres.
Fui al departamento de Yadira sin avisar decidido terminar la relación, pero ella me recibió con besos, abrazos y una hermosa sonrisa. Caray, eso era todo lo que yo quería, lo que necesitaba, Martha no era perfecta, era mi derecho tener un refugio un lugar de fuga con Yadira. Entre besos y abrazos, acostados después de hacer el amor como hacía falta, insistí en el tema de las pastillas. Le expliqué que era lo mejor, pero ella no entendió el por qué, parecía algo ilógico. Me dijo que si temía un embarazo podríamos usar preservativo. Mi silencio despertó a Las Furias al animal agresivo de Yadira, se desprendió de mis brazos y se levantó. Ya dime la verdad, exigió. Yo estaba tranquilo por fuera pero mi cabeza era un remolino. Hay cosas que no deben decírsele jamás a un hombre tranquilo, yo nunca he querido ser un animal. Tampoco me gusta ofender ni decir groserías. Le advertí a Yadira que bajara la voz y que midiera sus palabras. ¿Y qué me vas a hacer? Me retó. Me levanté. Le di una cachetada que la tiró. En sus ojos vi rencor y deseos de venganza. No podía dejar así las cosas, no podía decir "se me escapó" como esos animales que actúan agresivos impulsados por el miedo y la desesperación, tenía que demostrarle que soy un hombre con el que no se juega y sabe lo que hace. Le di una patada en el estómago, solo para ganar tiempo y dejarla sin aire, no para lastimarla, la levanté de los cabellos, le apreté la garganta y la puse contra la pared, murmuró que la soltara por favor, en sus ojos había miedo en vez de enojo, tristeza en vez de rencor, supe que había ganado y entonces hablé. Le advertí que no me gustaban sus preguntas, pero también le dije que la amaba y la necesitaba, le prometí que tendríamos estabilidad pero sería a mi manera, con mis reglas los días que yo quisiera. Apreté su cuerpo desnudo contra mi cuerpo desnudo, le separé las piernas con mis piernas y la besé en la boca.




Romeo Valentín Arellanes
Ciudad de México, antes Distrito Federal, abril de 2016