jueves, 10 de abril de 2014

Editorial



La Religión

Desde que la humanidad tuvo tiempo libre nació el ocio, con el ocio vino la contemplación de la naturaleza y con la contemplación de la naturaleza inevitablemente llegaron las grandes preguntas universales: ¿Cuál fue el origen de todo? Y ¿Por qué o para qué estamos aquí? ¿Qué hacemos con la existencia? Al no tener una respuesta precisa el ser humano se sintió vacío y para llenar ese vacío creó las religiones(o a los dioses). En su parte más constructiva las religiones son cosmovisiones del mundo, elementos de identidad cultural y convenciones éticas y morales cuyo propósito original es tratar de convivir mejor. Pero el miedo a lo desconocido o a lo diferente  que el ser humano suele tener, trajo el lado más oscuro de las religiones: los dogmas y la intolerancia. La historia de la humanidad, está llena de crímenes y guerras que se desataron a partir de los dogmas religiosos. Hasta la fecha la religión no se ha sacudido ese estigma de sangre,  y las funciones de cosmovisión, de identidad cultural y de normar el comportamiento han sido substituidas por la ciencia, el concepto de Estado-nación y por la ley. Actualmente es más “cool” ser ateo y la gente religiosa es vista como arcaica y alienada –la religión es el opio de los pueblos, dijo Marx-  La ciencia, los Estados y las leyes también tienen sus dogmas, las guerras y los crímenes siguen aunque ahora se cometan  nombre de la libertad y de la democracia, así le llaman ahora al Dios dinero;  las preguntas universales siguen sin respuestas y las mujeres y los hombres seguimos sintiéndonos vacíos, o llenos de preguntas. Mientras las dudas sigan y no exista una religión que nos convenza, este mes en Desencuentros escribimos sobre la fe, las creencias, ritos y todo aquello que tiene que ver con expresiones humanas y en ningún momento divinas.  

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