jueves, 19 de febrero de 2015

Cuento Godínez

No bien sonó el despertador sentí el último estertor del sueño interrumpido, era lunes después de puente por viernes feriado y aquello era el presagio de un día difícil y lento en su transcurso. Tras vencer los contratiempos de un largo despertar, que incluyó un desayuno frugal, un baño a medias y una vestimenta deslucida pero cumplidora, me dirigí, como todos los días en los últimos 10 años a la Secretaría de Programación y Presupuesto. Ni hablar del transporte, interrumpido, saturado y lleno de caras cansadas pero limpias como la mía. Llegué a tiempo, considerando que  mi entrada es a las 9, llegar a las 9.15 me hacía ver relajado pero dentro de los límites. Si bien es cierto la oficina es un lugar que todos los días guarda sorpresas y detalles para quien este atento, aquél lunes, como antes mencioné, se presentaba soso y aburrido. Mis compañeros se encontraban ya en sus cubículos y olía a café fresco y torta de tamal, lo usual. Al ocupar mi espacio me encontré de frente con la cara molesta de mi compañera  Leticia.

-Me cambiaron mi silla.
-Leti, buenos días, ¿perdón?
-Me cambiaron mi silla, alguien, no sé quién cambió mi silla, esta no es la mía, la mía tenía roto el lado izquierdo y no le servían las ruedas. Mira esta, toda rota y manchada.
-Leti, acabo de llegar,  yo no la tome, mira, la mía conserva la mancha de café y el respaldo roto.
-Ya sé que tú no la tienes, te estoy comentando.
-¿Y quién fue?
-Seguro fue Nohemí, siempre me ha tenido envidia, ¿Ya supiste que fue a ofrecérsele al director?
-¿Al licenciado?, tenía entendido que quiere la jefatura que se desocupó, pero es bien mensa, con razón anda de pronta. 
-Si, ayer me contó Marthita, dice que le iba a entregar un oficio al licenciado cuando lo vio agarrándole la pierna a y hablándole suavecito a Nohemí.
-Chingas, y ¿cómo sabes qué ella tiene tu silla?
-Como ya siente segura la chamba se anda apoderando de todo lo bueno, ayer me platicó Ulises que no encuentra su paquete de hojas, y yo vi a Nohemí imprimiendo unos oficios del licenciado, que casualidad, ella no tenía ni diurex.
-Ahora que lo mencionas ayer se me acercó y me pidió unos reportes de metas y la vi pidiéndole a Padilla los avances del presupuesto.
-Ya se siente jefa, el licenciado de seguro ya le prometió el puesto.
-¿Qué vas a hacer con la silla?
-Ahorita mismo voy a pasar con el jefe, le voy a decir que no se vale, que no hay elementos para trabajar, que no se me respeta mi experiencia ni mis años.
-Está difícil Leti, no es tiempo de reclamos, yo escuche que se viene el recorte duro, ayer desocuparon el piso 8.

Mediodía y las cosas pintaban mal,  esos movimientos, al parecer insignificantes pero ininterrumpidos sólo significaban una cosa, algo iba a cambiar, tras años de experiencia laboral he desarrollado un sexto sentido para estos momentos, la burocracia es lenta pero segura,  observa comportamientos singulares que sólo el ojo entrenado puede ver, justo eso, en el análisis de lo pequeño se encuentra la clave para descifrar los tiempos de cambio, quien piense  lo contrario está equivocado, cuando se mueve al personal, cuando desaparece una engrapadora, cuando se roban la papelería, cuando no se puede conservar el lugar y la silla; son las evidencias claras del cambio sustancial: desaparece la dirección, recorte de personal, se va el jefe, disminuyen el salario. Leticia y yo, viejos lobos de la administración pública lo sabíamos, por eso la alarma. 

-Amigo, encontré mi silla, hubo reunión en el piso 6 y la utilizaron para el personal de la delegación Campeche, me la acaban de traer.
-Menos mal, no estaría de más que le pongas tu nombre atrás, para que la gente respete.
-No es mala idea ¿Me prestas tu cinta canela?

Raziel Jacobo Correa Alvarado
México D.F. Febrero 2015
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