domingo, 14 de febrero de 2016

Enamorado del amor



Todo comenzó con una despedida, amanecía mientras acomodábamos las cosas que se habría de llevar a su nueva vida, para ese momento y esas horas lo más sincero era doblar dos tres mudas de ropa y empacarlas en un remedo de mudanza. Lo nuestro terminaba en una despedida sensata y consensuada (llena de dolor, de cosas no dichas y anhelos que por supuesto no externaría). Mientras se guardaban las blusas y los pantalones yo evitaba mirar de frente a la realidad, más me valía hacer como que aquello sucedía en un momento y tiempo alternos que escapaban a mi control y voluntad.  Pero sucedía, y mientras todo se empacaba yo miraba de reojo e intentaba descifrar dónde o cómo fue que cometí el error, o si todo era una farsa más de la vida en pareja, pero no, sucedía y yo miraba con resignación como cinco años de vida se resumían a dos maletas llenas de pasado, libros e historias. Nuestra obsesión rindió sus frutos, o mejor decir nuestras obsesiones rindieron sus frutos, la mía por la estabilidad y el miedo al cambio, la suya por la catarsis y la novedad. La misma historia que todos conocemos, una vida que gira sobre su propio eje hasta desgastarlo, donde dos miradas obsesivas se convierten en dos caminos distintos y cada quien decide que lo mejor es mirar para otro lado, aunque duela, aunque lastime. Me cuestioné los por qués, los cómo y los cuándos, los en qué momento, no tuve ninguna respuesta, la verdad nos alcanza cuando estamos más relajados,  o cuando estamos distraídos y seguros, o cuando estamos obsesionados con las pequeñeces de lo cotidiano. Cuando no se encuentran respuestas lo mejor es buscar nuevas preguntas, así que he llenado la vida de nuevas fijaciones,  me acuesto sin decirle buenas noches al destino, duermo en el mismo lado de la cama para evitar acostumbrarme a la ausencia, como en el mismo asiento sin ocupar cualquiera de las otras siete sillas de mi comedor, limpio la taza si es que por casualidad deje alguna gota al orinar, lavo mis manos antes y después de ir al baño. Me lleno pues de pequeñas cosas que me recuerdan que sigo vivo, o que hago para seguir vivo, la rutina como paliativo del desamor. Disfruto mis obsesiones,  son leales compañeras  mientras encuentro algo que no estoy seguro de buscar, los que me escuchan dicen que es cuestión de tiempo y de no intentar, así que yo paciente, ya vendrá la tranquilidad. Se pensará entonces que soy normal, y que las cosas llevan su curso natural, pero no, me preocupa lo que pasará, la incertidumbre de la inestabilidad, termino con vueltas y uñas mordidas, lleno de ansiedad ¿Qué pasará cuando vuelva a amar? 

Raziel Jacobo Correa Alvarado
México D.F.

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