domingo, 12 de mayo de 2013

Comida y personas.


Hay veces en las que, de aburrimiento, pensamos en toda la gente que pasa por esta fonda. Trabajamos desde temprano para preparar el desayuno de la gente que viene a comer todos los días, incluso los domingos, y cerramos hasta muy tarde para dejar limpias las cacerolas, los sartenes, los platos, los cubiertos y finalmente trapear el piso para que quede limpio para el día siguiente y así todos los días. Pues nos aburrimos con frecuencia en este negocio. Todos los días vemos gente de todo tipo pasar por aquí. Entre semana están pobladas las mesas con la gente que trabaja en las oficinas, aunque también llegan artistas, amas de casa, albañiles, taxistas ansiosos por probar nuestra comida. Uno de esos tantos días aburridos, Karla, con sus cosas raras de siempre que la cotidianeidad no pudo sepultar, empezó con una pregunta que a todos nos azuzó para seguir problematizando la cuestión.

—Oye Chucho —me dijo— ¿a qué sabrá uno de esos abogados que siempre se les chorrea la salsa en la corbata?
—¿Cómo? —la miré extrañado.
—Sí, si nos pudiéramos comer al abogado de allá, ¿a qué crees que sabría?
—No sé, supongo que mal. Seguro está grasoso, míralo, está bien gordo.
—Yo me imagino que él quedaría bien en unos tacos para después de la peda. Es como lo que necesitas cuando ya la regaste y hacen el paro para dar el bajón. Además tanto abogados como tacos abundan pero si no lo sabes escoger bien te tuerce más que como estabas antes de comértelo y te jode todo lo que sigue. ¿Cómo te imaginas que será comerse a la arquitecta de la mesa que atiende Lupita?
—Creo que ella quedaría bien en unos chiles en nogada. Tiene buena estructura, debe de estar en un platillo bello estéticamente pero sin que deje de ser funcional, o sea, que sepa rico. Ella definitivamente sería la carne de los chiles en nogada. ¿Cómo ves al albañil de la barra?
—El sería el bistecito asado al comal. Nada complicado, sencillito, poco condimentado sólo sal, que casi nadie lo toma en cuenta pero bien que te saca del pedo para cosas básicas. De una vez te digo como me comería al doctor de la esquina. —continuó Karla sin que nadie le preguntara— Con él tendría que ser en una ensalada, como la pechuga de pollo que luego le ponen. Es para que cuide la línea, sin la grasas y acompañado de unas verduras y nada nocivo para la salud. Pero también a la ensalada le podría poner un poco de hipster de soya, ya sabes por lo vegano y con un adorno a manera de accesorio. No sé si eso se pueda pero se lo ponía.  
—Yo prepararía al ingeniero Eduardo en un bife argentino, se ve con buena actitud, muy feo pero bien preparado estoy seguro que sabría bien asado en las brasas y con unos poquitos de condimentos. Lo acompañaría con unas empanadas de carne de economista, pero de izquierda porque los de derecha me indigestionan y causa más problemas que de los que solucionan. Lo que nunca le pondría sería carne de político, hasta tifoidea han de traer.
—Y diario —siguió Karla— prepararía un guisado sorpresa de humanista para ver quién adivina de qué profesión se trata. Si es amargo, de no muy buena textura y molesto al gusto, se trataría de un teórico marxista o anarquista, dependiendo que tan mal le caiga a la persona que se lo coma. Si es un platillo con vísceras y con un sabor fuerte, como el menudo,  se trata de un escritor realista. O una sopa de fideo con pedazos de un aburrido cronista y combinado de un inútil filósofo. Pero eso sí, aunque no sea humanista, siempre habría un guisado de ama de casa, no hay a quien no le guste y además una ama de casa siempre va bien con todo, es como el color negro... 
—¡Karla! ¡Chucho! —nos gritó doña Maru— Ya dejen de estar platicando y pónganse a atender las mesas. La 4 y la 7 ya quieren la cuenta.  

Lusnav
México D.F., 2013.  

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