domingo, 27 de marzo de 2016

Editorial




Los Viajes
A Gilberto Joel Silva Arellanes, alias el Base.

Un viajero no es lo mismo que un turista, hasta la cámara de hoteleros, restauranteros y otros servicios turísticos los define distinto: un turista permanece fuera de casa por un tiempo bien definido, bajo un plan de viaje estructurado y planeado con meses de antelación, lleva a la esposa y a los niños y siempre guarda un poco de dinero para comprar los tamarindos y los llaveros de caracol que dicen "Recuerdo de Acapulco", o para verse cotorrón una playera con un niño triste que dice “Mis tíos fueron a Veracruz y sólo me trajeron esta pinche playerita". Generalmente viaja en paquetes que incluyen todo, la visita a la cascada, la entrada al ecoparque, el desayuno continental y folletos de lo que vale la pena ver y probar,  incluso se puede saber cuánto dinero va a gastar. Con los viajeros los hoteleros y los restauranteros nunca saben que esperar, no se sabe por qué abandonan su casa, ni cuánto tiempo estarán fuera, el viajero no tiene una fecha de regreso y los motivos de su viaje pueden ser diversos, son un misterio. Ya sea hombre o mujer casi siempre va solo, aunque vaya acompañado, porque en el viaje siempre hay una enseñanza, o una introspección, aún cuando no se busque o no sea el fin. Por supuesto también se requiere de presupuesto, de iniciativa, o de una razón suficientemente fuerte para alejarse de la comodidad de lo conocido y aventurarse en otras tierras y horizontes. En estricto sentido la vida es un viaje (no estamos pachecos), nacemos con el boleto de ida comprado, pero según Alex Lora “no sabemos ni cómo ni cuando el destino nos va a tocar”, o lo que es lo mismo, del viajero no sabe para dónde va, ni de dónde viene. Visto así, un viaje puede ser cualquier desplazamiento de nuestro cuerpo o mente hacia cualquier parte, desde los sueños que tenemos cuando viajamos dos horas en el camión hacia Chimalhuacán, hasta los malviajes de las primeras veces que combinas la mota con el alcohol, o sea que para viajar se necesita decidirse, o necesitarlo. Este mes en Desencuentros le damos cabida a las crónicas de sus paseillos, de sus vacaciones en Europa con los primos, de sus excesos con los viáticos en los restaurantes de París, de las comisiones para ir a capacitar al personal operativo de la delegación Sonora, de su primera empeyotada en Real de Catorce, de su luna de miel en Sayulita y del festival playero para el cual adelgazo y se compró un nuevo traje de baño. Si lo prefiere, aceptamos también la reseña de su trajinar diario en el metro, el microbus y la combi, la reseña de la plática en el taxi,  o de ese viaje sin retorno que es la muerte.  

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